Fracaso-exito

Las diferencias entre éxito y fracaso, a priori, pueden parecer obvias. Sin embargo, os aseguro que no lo son tanto. De hecho, si hacemos una reflexión sobre el verdadero significado de la palabra éxito, veremos que no es tan fácil de definir como parece.. Por ello quiero hablaros de lo que, a mi modo de ver, son los tres componentes básicos del éxito:

1. El éxito no es la meta, es el camino

Teniendo esto en cuenta, para alcanzar el éxito se deben dar dos circunstancias:

  1. Que tengas una meta, un objetivo.
  2. Que te encuentres en movimiento, en el camino que te lleva a alcanzar tu meta. Para que haya éxito es imprescindible haber tomado la decisión de pasar a la acción.

Nadie ha dicho que sea fácil, ni mucho menos cómodo. Si el éxito es el camino, lo primero que debes saber es que el camino no tiene final; no importa lo lejos que hayas llegado, en el momento que dejes de caminar, dejarás de tener éxito.

Y ese camino, está para modelarte, para transformarte de manera que te alejes de la mediocridad y logres destacar.

2. Es un constante proceso de descubrimiento y desarrollo

Con el tiempo, con la experiencia y con el propio caminar, vamos descubriendo nuevas cosas que amplían nuestra visión y también nuestros propósitos. Es un constante proceso en que debemos desarrollar nuestro máximo potencial. Mejorar cada día en busca de la excelencia es la clave.

3. Este último punto lo estableces tú

Lo cierto es que mis conocimientos y experiencias, como los de cualquier persona, son limitados; y probablemente son también muy diferentes a tus propios conocimientos y experiencias. Es por ello que cometería un error si tratara de definir de una manera exacta o perfecta lo que es el éxito.
Sólo de manera individual y de acuerdo a nuestras propias experiencias, pasiones, necesidades, inquietudes… podemos completar este tercer componente básico del verdadero éxito, del éxito real. Por eso quiero que seas tú mismo/a quien complete esta reflexión… ¿Cuál es tu concepto del éxito?, ¿qué característica precisas para alcanzar el éxito realmente?

 

delegarDelegar es para cualquier directivo una de las tareas más delicadas. Y es que, al delegar una tarea o actividad se encomienda a otra persona para que la ejecute, con los riesgos y consecuencias que ello conlleva.

Cuando delegamos a otra persona una actividad o tarea dentro de una organización, automáticamente estamos otorgando a esa persona la posibilidad de realizarla en nuestro nombre, del mismo modo que estamos asumiendo la responsabilidad de algo que no controlamos totalmente, ya que no lo hacemos directamente.
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que para que la delegación de una tarea sea efectiva y eficaz, es necesario que exista una confianza previa en la persona a la que vamos a encomendar la actividad. Es imprescindible que al delegar, exista la confianza y seguridad suficiente de que esa persona cuenta con la capacidad, interés y predisposición necesaria para ejecutar la tarea con la exigencia y calidad que requiere.
Es por esto que, a pesar de su aparente sencillez, resulta tan complicado delegar…

¿Qué ventajas ofrece delegar?

Cualquier proyecto exige el desarrollo de múltiples tareas que, los límites del tiempo, y en ocasiones también otros factores, impiden que una sola persona pueda realizarlas sola. Aún así, son frecuentes los casos de profesionales al mando de un proyecto o directivos que trabajan al cien por cien de sus posibilidades y capacidad, lo que a la larga puede suponer un inconveniente más que una ventaja a la hora de alcanzar los objetivos.

Sin embargo, cuando se delega una tarea a la persona adecuada, se produce un efecto multiplicador de las capacidades de las personas. Permite una mayor y mejor organización, ampliando las posibilidades y capacidades a través de la participación y colaboración. Delegar, sin ninguna duda, permite aumentar la calidad y la cantidad de los resultados que se obtienen dentro de un proyecto u organización.

Las claves para una delegación efectiva y eficaz:

  • Delegar no es olvidar. Delegar es encomendar y trasladar a otra persona una tarea, pero ello no implica el olvido de la misma, es fundamental realizar un seguimiento y seguir controlándola.
  • Formación. Decía antes que la confianza es fundamental a la hora de delegar. Pues bien, para poder tener esa confianza absoluta en las personas que colaboran en un proyecto, es muy importante su formación, por lo que invertir todos los recursos posibles en formación siempre será positivo.
  • Pregúntate, en cada tarea, si es realmente necesario que la hagas tú. Pregúntate a ti mismo/a si realmente es conveniente que la realices tú o si es una tarea que puedes delegar. Valora las posibilidades y opciones… Y si finalmente conviene delegarla, valora qué persona la puede desarrollar, si hay alguien en tu entorno capacitado y en quien confíes, adelante; si no, valora quién, tras un período de formación, podría realizarla.
    Al hacerte estas preguntas con cada una de tus tareas habituales, te darás cuenta que realmente muchas son delegables, y encomendárselas a otras personas incrementarían tu potencial.
  • Marca objetivos. Establecer objetivos claros es la mejor manera de conseguir que una delegación sea efectiva, ya que con unos objetivos claros, es posible medir y cuantificar. Y esto permite conocer la evolución del proyecto en general y también el compromiso de cada una de las personas que trabajan en él.
  • Crea una atmósfera de confianza. Es importante crear un ambiente libre de miedo en el que cada una de las personas que participan en un proyecto se sientan cómodas y seguras a la hora de desarrollar las tareas correspondientes, y sean capaces de tomar decisiones y actuar sin miedo a la equivocación.

liderazgo

En cualquier organización o compañía, desde las más pequeñas hasta las más grandes, hay un líder. Y la función, a nivel general de cualquier líder, es dirigir, guiar a su equipo en dirección a una meta, a un objetivo concreto.

Dentro de cualquier equipo, el talento juega un papel fundamental, ya que los logros y avances hacia el objetivo u objetivos dependen, en gran medida, del talento de los miembros que lo componen. Pero, ¿qué es el talento? Pues bien, el talento el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes con las que cada individuo cuenta y que marcan la diferencia haciéndole único.

Sin ninguna duda, el mejor recurso con el que puede contar cualquier organización o compañía, es el talento humano. Por eso y por todo lo anterior se torna imprescindible que el líder sea capaz de componer el mejor equipo…

En cuanto a los líderes, existen muchos tipos. Tantos que meterlos a todos en un solo post sería muy complicado. Hoy el protagonismo es para los líderes multiplicadores y los líderes acaparadores.

Liderazgo acaparador

Un líder acaparador es un líder que reserva para sí mismo la aportación de ideas, que no tiene en cuenta la opinión de otros, propenso a no escuchar; se trata de profesionales convencidos de que sin ellos el equipo no sería capaz de nada, estaría perdido. Un líder acaparador se considera a sí mismo un genio, el genio del equipo. El modus operandi debe ser siempre a su manera; o eso, o no se hace.

Ante este tipo de líder, hay dos posibles consecuencias: la primera es que por muy capacitado que esté el equipo, por mucho talento que tenga y por mucho que pueda llegar a aportar, con el tiempo, acabará anulado, dormido, desaprovechado, desmotivado; la segunda es que, los profesionales más activos, acaben abandonando y trabajando en otra compañía.

Lo cierto es que hay casos, especialmente los orientados a resultados, en los que este tipo de líder puede resultar muy efectivo. Pero será siempre una efectividad a corto plazo, ya que la negativa a escuchar y ante la aportación de ideas de los demás limita el crecimiento.

Como dice el refrán “don cabezas piensan mejor que una”. O al menos dos perspectivas pueden converger dando lugar a una solución cualitativamente mejor. Y si son más, mejor…

Liderazgo multiplicador

¿Qué multiplican los líderes multiplicadores? Pues precisamente eso que resulta tan importante para alcanzar cualquier objetivo y con lo que debe contar un buen equipo: el talento.

Los líderes capaces de multiplicar el talento se caracterizan por poseer una gran habilidad para descubrir genialidades en cada uno de los miembros que componen su equipo, por valorar y hacerles sentirse valorados por esas cualidades que les hacen diferentes y únicos.

Creen ciegamente en que cualquier persona cuenta con los recursos necesarios para alcanzar cualquier meta que se proponga… y esta creencia les empuja a trabajar en el crecimiento de los profesionales que componen su equipo, con la intención de que se conviertan en mejores profesionales y mejores personas.

En los equipos de este tipo de líder, no hay limitaciones ante las ideas. El trabajo es un trabajo en grupo y participativo, donde cada idea cuenta, donde florece la creatividad y los miembros del equipo asumen un compromiso necesario para alcanzar las metas. Los líderes multiplicadores incitan a cada uno de los miembros de su equipo a desarrollar su propio talento en pro de una causa común: alcanzar los objetivos de la compañía.

En un equipo liderado por un multiplicador no hay un genio, hay muchos. Y es que este tipo de líder es especialista precisamente en crear genios; sacar el máximo partido al conocimiento, habilidades y actitudes de cada componente del equipo.

Y en cuanto a la efectividad, este tipo de liderazgo permite lograr más en menos tiempo y sin límites.

Termino con una frase de John Maxwell que quizá lo resume bien: “Lidera personas y tus resultados crecerán. Lidera líderes y tus resultados se multiplicarán”.

escuchar en los negocios

Dijo el científico y novelista alemán, Goethe, que “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”. Recurro a su frase como título y para comenzar este post, a través del que intentaré exponer las razones y motivos por los que ser buen directivo y saber escuchar son dos conceptos que están intrínsecamente unidos.

Afirmaba Goethe con gran acierto que “escuchar es una necesidad”. Y es que, si nos paramos por un momento a analizarlo, rápidamente nos daremos cuenta de que hablamos para ser escuchados, ya que la escucha valida el hablar.

La otra afirmación de Goethe asegura que “escuchar es un arte”. Cierto también… Y es que cuando hablamos de escuchar, no hablamos del mero hecho biológico de oír, sino de comprender e interpretar lo que están diciendo.

A priori parece más importante y relevante saber hablar que saber escuchar. Sin embargo, no es así; es precisamente la capacidad de escuchar y saber escuchar una de las características que más se valoran en un directivo.
Es probablemente en la escucha donde radica una de las mayores dificultades de cualquier directivo, ya que es muy habitual que este tipo de profesional se centre más en lo que tiene que decir y cómo lo debe decir que en lo que realmente le están diciendo.

Son muy comunes los casos de directivos prometedores con un gran componente racional que fallan en el desarrollo de sus responsabilidades profesionales y ejecutivas por el simple hecho de contar con escasas habilidades emocionales y un exceso de impaciencia. A pesar de contar con un inmenso potencial, fallan por no saber escuchar, por no tener en cuenta al interlocutor, lo que lleva ofrecer respuestas rápidas, precipitadas y, al no escuchar y no saber y comprender el problema, poco coherentes.

La clave principal para evitar este  mal común entre directivos (y también los que no lo son) es mostrarles la importancia de escuchar y comprender desde la racionalidad y también desde las emociones; y luego, la importancia de ser escuchados y comprendidos. El profesional debe centrarse en lo que le están diciendo desde una perspectiva racional y también emocional; y después preocuparse en lo que dice y cómo lo percibe e interpreta su interlocutor.

No es tarea sencilla, pero con práctica, todo se puede lograr… es cuestión de practicar la escucha del interlocutor y la propia. Y, sobre todo, antes de responder, tener la calma suficiente para reflexionar e interpretar lo que están diciendo.

Con un poco de paciencia, humildad y práctica, los resultados se harán visibles…

lenguaje transformacionalLas palabras tienen el poder de crear realidad, ya que son capaces de modificar nuestro estado de ánimo. El nexo de unión entre las palabras y la emoción es muy claro: utilizamos las palabras y el lenguaje para dar sentido a lo que vemos y lo que ocurre, para interpretarlo; y estas interpretaciones y valoraciones que hacemos utilizando como herramienta las palabras, forman una especie de prisma a través del que vemos el mundo, un prisma que nos permite verlo de una forma muy personal.
Todos tenemos convicciones propias, certezas y creencias; de algunas somos conscientes y otras se alojan en nosotros de manera inconsciente… y todas ellas forman ese “prisma” con el que vemos la vida.

La parte positiva es que tenemos la capacidad de cambiar la forma de ver la realidad, de limpiar el prisma que nos nubla la vista o nos hace ver todo muy oscuro para dejarlo impecable y que nos permita ver con mayor claridad y optimismo, con nitidez, en color.
Todos podemos rechazar las palabras nocivas, desmotivantes y limitantes que no nos dejan ver bien para avanzar. Y, por supuesto, podemos acoger palabras de ilusión, motivadoras, positivas.
No es lo mismo decirte a ti mismo ¨no puedo hacer esto”, que decirte “no sé hacerlo aún, pero es una oportunidad genial para aprender a hacerlo”.

Las palabras no son sólo signos que corresponden a una serie de sonidos, son muchos más. Son herramientas que tienen la capacidad de crear un impacto y de afectar a las emociones y los estados de ánimo.

Son numerosos los estudios que se han realizado sobre el impacto de las palabras en las emociones y estados de ánimo.
Está científicamente demostrado que palabras negativas como ‘peligro’ o ‘imposible’ (muy utilizadas, por cierto), provocan en nosotros un incremento de la hormona de stress. Sin embargo, palabras positivas y motivantes, como ‘capaz’, provocan justo el efecto contrario.

No podemos eliminar por completo las palabras negativas de nuestro vocabulario, ya que son imprescindibles para describir situaciones o experiencias. Y porque hacerlo sería dar la espalda a la realidad en muchas ocasiones, y esto también es contraproducente. Lo que sí podemos hacer

es ser conscientes de cómo y cuando utilizamos esas palabras negativas y tratar de moldearlas con el objetivo de que su impacto sea lo más suave posible y su efecto, en lugar de negativo, sea constructivo. Cambia el “imposible” por “complicado”, el “desastre” por “desorden” o el “peligro” por “riesgo”.

Te sorprenderá comprobar cómo cambian las cosas y todo lo que comienza a suceder cuando te acostumbras a buscar las palabras adecuadas para ayudarte a ti mismo/a y a los que te rodean, en lugar de para limitarte o limitarles o anularte y anularles.

Te reto a que lo pruebes, a que comiences a utilizar el lenguaje para avanzar, construir, crecer. Y, por supuesto, luego me gustaría conocer tu experiencia ;)

comunicación internaDijo Woody Allen que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”. Gran verdad.

En la empresa, la comunicación interna no es un lujo de las grandes compañías, es una necesidad de cualquier empresa, máxime en esta etapa de cambios y resultados un tanto inciertos que venimos atravesando desde hace ya algún tiempo.

Se ha convertido la comunicación interna, sin ninguna duda, en uno de los grandes retos profesionales del siglo XXI. Y es que aún son muy pocas las entidades que apuestan por el desarrollo de una correcta política de comunicación interna que facilite la implantación de los cambios necesarios para alcanzar los objetivos impuestos y desarrollar las estrategias que permitan retener el talento.

Muchas empresas ignoran o hacen caso omiso a la obviedad de que para ser competitivas y adaptarse a los cambios a los que inevitablemente nos obliga el mercado, entre sus prioridades debe estar la motivación de su equipo humano, la elaboración de estrategias que permitan retener en la empresa a los mejores

La comunicación no consiste sólo en hablar o crear discursos, la comunicación consiste en construir relaciones. Comunicar también es demostrar, es acreditar, es decir con palabras y sin ellas. Comunicar es crear un clima que facilite el entendimiento y fomente el diálogo, que ayude a comprender el porqué de las cosas, es buscar y dar sentido a aquello de lo que se presume. Comunicar es también, por supuesto, una invitación a conocer, es incitar a la curiosidad.

Uno de los principales objetivos de la comunicación interna es mejorar o aumentar la eficacia del equipo humano. Y para ello ese equipo se debe sentir cómodo, algo que sólo se consigue realmente si está informado y conoce a fondo los entramados de la compañía para la que trabaja: su filosofía, su misión, sus valores, sus estrategias… Sólo así se consigue que ese equipo se sienta integrado y parte de la empresa, de manera que todos, desde los empleados, pasando por todos los departamentos de la empresa, hasta la dirección, estén dispuestos a dar todo de sí mismos.

Cabe destacar los dos tipos de comunicación interna que existen: ascendente, es aquella comunicación que se realiza desde abajo hacia arriba en el organigrama de la compañía; y descendente, al contrario que la anterior tiene lugar desde arriba hacia abajo. Y digo que cabe destacar las dos formas porque es muy común que las empresas caigan en el error de basar su comunicación en un modelo unidireccional en el que los empleados se convierten en simples sujetos pasivos, cuando en realidad el feedback es algo muy importante, fundamental dentro de cualquier compañía; y la comunicación y el diálogo entre dirección y trabajadores debe ser constante y fluido.

Y es que no es lo mismo informar que comunicar. Podemos informar a través del lanzamiento o la transmisión de mensajes; sin embargo, la comunicación no es unidireccional, precisa de una respuesta por parte del receptor.

Cuando estamos ante una comunicación auténtica y efectiva, ésta transciende quedando impresa en los hechos y, paradójicamente, se termina forjando sin palabras.

posible El crecimiento o desarrollo personal son expresiones que engloban un conjunto de propuestas que pretenden liberar el potencial humano de cualquier persona más allá de su desarrollo natural. Todo el mundo posee sueños, aspiraciones, ambiciones… y también todo el mundo cuenta con un gran potencial que, en muchas ocasiones, por diversos motivos (miedos, falta de metodología, desconocimiento…) no se aprovecha. Y la consecuencia directa es la frustración al ver cómo esos sueños y aspiraciones se esfuman. A continuación te propongo siete claves a tener en cuenta para potenciar tu desarrollo personal:

  1. ¿Qué quieres? Para saber en qué dirección comenzar a andar, debes saber dónde estás,  adónde te diriges, adónde quieres llegar y lo que quieres. Si no sabes dónde estás es imposible ir a ninguna parte. Cuanto más claro tengas lo que quieres, mejor; de esta manera podrás centrar tu atención y depositar todas tus energías en tu objetivo. A propósito de esto, comenzaba mi anterior artículo con esta frase: “Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad”. Te recomiendo que lo leas, en él explico con más detalle la importancia de saber exactamente lo que se quiere y centrar el foco en el objetivo.
  2. Comunícate. Aprende  a pedir y aceptar ayuda Una vez que tengas claro qué quieres, cuéntalo, comunica a la gente tus ideas y aspiraciones… si haces a los demás partícipes, cuando surja la ocasión se acordarán de ti. Aunque cueste creerlo, existe mucha gente dispuesta a ayudar, y a ayudarte a ti en particular; pero para ello es importante que sepan lo que quieres. Habla, comparte…
  3. Voluntad. Arrojo. Determinación Si realmente quieres algo, nada ni nadie podrá impedir que lo consigas; esto es algo que debes grabar en tu mente. Pero también es cierto que para conseguirlo es imprescindible tu voluntad, tu determinación, tu decisión de luchar por ese sueño sin límites. Nadie ha dicho que sea fácil (y probablemente no lo será), pero es precisamente ahí donde se verá quién realmente quería algo y quién simplemente decía quererlo. Los obstáculos y circunstancias adversas no son más que pruebas que el Universo pone en el camino… muchos se retiran al encontrarlos; algunos continúan hasta la meta. ¿A qué grupo perteneces tú?
  4. Resilencia La resilencia no es más que la capacidad de las personas de sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones o circunstancias adversas. La fuerza y la capacidad de resistir, mantenerte firme y seguir adelante con el foco puesto en tu objetivo, será lo que marque la diferencia. Cuando llegue un momento de bajón o debilidad, antes de abandonar recuerda por qué empezaste…
  5. Actitud positiva y capacidad de aprender Independientemente de cuál es tu sueño y adónde quieres llegar, sea lo que sea lo que quieres conseguir, es muy difícil que lo sepas todo, que lo controles todo, que conozcas todas las herramientas y métodos que te ayudarán a alcanzar tu objetivo, que conozcas a todas las personas necesarias para lograrlo… Pero lo que sí debes poseer siempre es una actitud positiva que te impulse siempre hacia delante y estar dispuesto/a a aprender de forma continua. Sé curioso/a, aprende, fórmate, pregunta, lee, llama, investiga, relaciónate con gente y profesionales que te puedan ayudar a avanzar.
  6. Compromiso Éxito y excelencia son sinónimos de compromiso y disciplina. Si quieres algo realmente debes apostar por ello al 100%, y eso implica renunciar, en muchas ocasiones, a muchas cosas. Dedicarte full time a la carrera hacia tu sueño te permitirá llegar, ganar. Sin embargo, si sólo le dedicas parte de tu tiempo, no sólo no avanzarás como es debido, sino que existe un mayor riesgo de dispersión.
  7. Acción Lo único que cae del cielo es la lluvia. Si quieres algo, debes ponerte en movimiento y hacer que ocurra. Ponte en marcha y poco a poco las respuestas y las soluciones irán apareciendo, abriendo y redirigiendo tu camino. No esperes el mejor momento porque nunca llegará, el mejor momento es ahora… y la mejor manera es comenzar a utilizar todos los recursos y herramientas que tienes al alcance de tu mano, y poco a poco esos recursos y herramientas mejorarán.

 

realidad

“Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad”, decía Yoda.

El pensamiento puede ser controlado y dirigido. Y su poder es tal, que permite alcanzar cualquier objetivo que te propongas. Donde pones tu enfoque, estás depositando tu energía y con ello estás creando realidad.

En aprender a controlar y dirigir ese foco, en saber dónde y cómo enfocar el pensamiento, está la clave para alcanzar cualquier sueño u objetivo.

El poder del pensamiento o de la atención cuenta con tres dimensiones que podemos diferenciar fácilmente:

  1. El foco interno
    Hablamos aquí de intuición, de valores, de sueños. Esta primera dimensión hace referencia, en definitiva, a nuestras propias necesidades.
  2. El foco externo
    Esta es la dimensión que nos ayuda y permite percibir lo que nos rodea.
  3. El foco en los Otros
    Es esta dimensión la que nos permite entender a los demás, la que evita que prejuzguemos, la que nos ayuda a tener mejores relaciones y más sanas. Se trata, en definitiva y resumiéndolo en una sola palabra, de empatía.

La capacidad de mantener ese enfoque del que hablamos controlado y dirigido a conciencia, depende y reside en las regiones prefrontales del cerebro. Y esa capacidad se puede trabajar, conseguir, mejorar…

Las personas capaces de concentrarse en una actividad, tarea u objetivo controlando el enfoque, son personas más inmunes a los altibajos emocionales, con una mayor habilidad para desechar pensamientos negativos, poseen más control sobre sí mismas a la hora de enfrentarse a situaciones adversas, cuentan con mayor habilidad a la hora de ver o encontrar soluciones diferentes e innovar, pueden evitar con más facilidad dispersarse o distraerse, etc.

Según los estudios del neurocientífico Richard Davinson, cuando nos encontramos en el momento de mayor concentración, los hemisferios de nuestro cerebro se sincronizan, provocando un estado de conexión neuronal que genera Mielina, una sustancia que envuelve y protege los axones de ciertas células nerviosas y que tiene como función principal aumentar la velocidad de transmisión del impulso nervioso, y ello mejora y multiplica por 500 la velocidad de aprendizaje.

Sin embargo, cuando estamos distraídos y nos dispersamos con facilidad, la consecuencia es la contraria: se activan una serie de circuitos en el cerebro que nada tienen que ver con lo que tenemos que hacer o aprender, provocando cansancio y dificultando la tarea a realizar.

El secreto para alcanzar un sueño y lograr el éxito reside en saber combinar lo que haces con lo que te gusta, de manera que se produzca ese estado de flujo o conexión neuronal. El secreto no es otro que descubrir cómo generar ese estado de flujo.

La motivación juega aquí un papel fundamental. Para descubrir cómo generar ese estado del que hablamos, es importante combinar tareas o actividades que te exijan estar en el límite superior de tus habilidades, con tareas o actividades que te gusten, con las que disfrutes, que te apasionen.

Pero no se trata de centrarnos en un objetivo concreto y olvidar todo lo demás. Esto es también contraproducente, ya que genera une estado de tensión constante, creando conflicto entre dos zonas del cerebro: la superior y la inferior.

La zona superior es involuntaria, automática, la que atiende a las emociones e intuiciones, la que dirige nuestras acciones…
La zona inferior actúa más despacio, atiende al esfuerzo, la disciplina, la voluntad; esta zona está capacitada para aprender nuevos hábitos y controlar la zona automática.
Estas dos partes de nuestro cerebro pueden estar sincronizadas o pueden entrar en conflicto. Y eso es algo que depende de nosotros mismos y que podemos controlar.

Lo importante es evitar que la parte emocional te domine. Si logras dominarla tú a ella, lograrás cualquier cosa que te propongas.

Sobre todo es importante controlar el miedo, que se encuentra dirigido por una zona del cerebro que recibe el nombre de Amígdala. Se trata de una zona primitiva y con cierta dosis de irracionalidad que actúa a modo de radar para ponerlos en alerta ante posibles amenazas. Es fundamental que seas tú quien dirige tu amígdala y no al revés. He ahí el kid de la cuestión, la clave de la inteligencia ejecutiva.

inversionEstá considerado uno de los más grandes inversionistas del mundo. Su nombre se sitúa en la cuarta posición en la lista de los hombres más ricos del planeta, según la revista Forbes. Y, la revista Time, lo considera una de las 100 personas más influyentes del mundo.  Hablo de Warren Buffet.

El multimillonario, empresario e inversionista estadounidense, ha hecho pública, a través de un conocido medio de comunicación (Fortune), un escrito dirigido a los inversores a través del que expone las cinco claves que considera fundamentales para que una inversión resulte rentable.

En la carta enviada a la archiconocida revista, Buffet apoya su teoría en su experiencia; en pequeñas inversiones que él mismo ha llevado a cabo desde hace décadas siguiendo de manera fiel estas cinco claves que ahora ha decidido compartir y hacer públicas, y que han terminado por reportarle cuantiosos beneficios. Para muestra: su fortuna, que supera los 58 mil millones de dólares.

Uno de los ejemplos de los que habla el inversor en su misiva es una finca que adquirió hace 27 años por unos 280.00 dólares. Buffet asegura haber pisado en muy pocas ocasiones la propiedad; la seguridad para la inversión se la aportaron los resultados que de una serie de cálculos que él mismo realizó y que que le permitieron anticipar los beneficios que le podría reportar. Sin conocimientos sobre agricultura, y tampoco sobre el modelo de negocio de dicha finca, sus cálculos dieron un resultado positivo de un 10% de rentabilidad. Hoy, la propiedad en la que invirtió hace algunas décadas, no sólo ha aumentado el porcentaje de rentabilidad, sino que además vale cinco veces más de lo que le costó.

Estas son las cinco claves fundamentales para una buena inversión según Warren Buffet que han sido publicadas en Fortune:

  1. No es necesario ser experto o contar con experiencia a la hora hacer rentable una inversión. Lo que sí es imprescindible es detectar y conocer perfectamente las limitaciones de cada uno, simplificar las cosas y no dar demasiadas vueltas. Y sobre todo, desconfiar ante atractivas promesas de beneficiosa corto plazo.
  2. Analizar y evaluar muy bien la productividad futura de los activos de la inversión en cuestión es la base. Pero es importante tener presente que nadie es capaz de evaluar todas las inversiones posibles; por tanto, si no se está del todo seguro de una inversión, lo mejor es no apostar por ella.
  3. Las valoraciones no deben centrarse únicamente en si el precio del activo aumentará o no en el tiempo. De hecho, Buffet considera que, el hecho de que un activo haya aumentado con el tiempo no es una razón de peso ni motivo suficiente para realizar una inversión.
  4. Asegura el inversor estar convencido de que «son aquellos que centran su atención en el terreno de juego los que ganan el partido; y no los que mantienen la mirada en el marcador». Siguiendo esta teoría, en el ejemplo de su granja, del que habla en la misiva enviada a Fortune, explica que a la hora de adquirir la propiedad no pensó en la valoración de la misma, sino en su capacidad de producción.
  5. Contar con una visión propia de los hechos es muy importante. Tanto es así que, el famoso inversor está convencido de que moverse al son de predicciones de mercado o lo que consideran y dicen otros es, además de una pérdida de tiempo, un error, ya que podría nublar una visión propia de los hechos que podría ser importante.

valoresLos expertos en recursos humanos coinciden y aseguran que uno de los grandes errores a la hora de buscar empleo es que los aspirantes no saben transmitir sus propios valores.

Elaborar un plan de marketing profesional a la hora de buscar un nuevo empleo ayudará a obtenerlo, sin duda. Las herramientas a utilizar en esa búsqueda activa de un nuevo empleo son las habituales (currículum vitae, carta de presentación, etc.). Sin embargo, los aspirantes no deben utilizar los mismos planteamientos que utilizan a la hora de buscar un primer empleo; el motivo es simple: se supone que ya posee experiencia.

Trataré de explicarte a continuación los aspectos a tener en cuenta. Toma nota:

Carta de presentación

La carta de presentación debe explicar de forma breve tus intenciones, necesidades y aspiraciones a nivel profesional; y también los valores que eres capaz de ofrecer a la empresa.

Debe estar adaptada a cada empresa a la que se dirige. Y en ella se deben destacar de forma clara y concisa todos los antecedentes laborales que mejor encajen con las necesidades de la compañía. No olvides resaltar tus logros y vende bien tu experiencia a través de un relato persuasivo de tu vida profesional.

Es habitual que la carta tenga como destinatario el departamento de recursos humanos de la compañía: ¡evítalo! Conviene que vaya dirigida a algún directivo de compañía o a alguna persona relacionada con el departamento de recursos humanos.

El currículum vitae 

Tu CV debe ser tu retrato profesional, mostrar sus antecedentes laborales y los objetivos y metas alcanzados a nivel profesional.

Trata de incluir en tu CV fechas, datos concretos y mensurables. Y, por supuesto, los objetivos que persigues de cara a la empresa y puesto al que tratas de acceder.

La entrevista 

Debemos diferenciar entre la entrevista de una persona que responde a una oferta de empleo y la entrevista de una persona que busca promocionarse. No es lo mismo, por lo tanto no se deben afrontar y abordar de la misma manera.

Cuando la entrevista tiene como objetivo la promoción de un profesional, la relación entre el entrevistador y el entrevistado es más igualitaria y, en la mayoría de los casos, el entrevistador se muestra más abierto y receptivo a lo que le quieres transmitir y ofrecer.

Antes de acudir a la cita en la que tendrá lugar la entrevista, tómate un tiempo que te permita preparar bien tus ideas y expresar con claridad cuál es tu objetivo en la compañía.
Lograr transmitir esto con éxito hará que el entrevistador perciba de ti una imagen dinámica y de competitividad.

Para terminar, dos consejos:

Evita desvelar el nombre de la empresa en la que trabajas actualmente.

Si puedes evitarlo; hazlo. Ten en cuenta que, aunque muchas veces te prometan discreción, en algunos casos no se cumple y el entrevistador acaba llamando a la empresa para solicitar referencias. Si finalmente no obtienes ese trabajo, es posible que ello afecte a la situación en tu actual empleo, o que directamente ponga en peligro tu puesto.

Un truco para evitar tener que dar el nombre de tu empresa actual es poner en tu CV algo similar a “actualmente desarrollo mi trabajo en una multinacional del sector de las telecomunicaciones”. Es un forma sencilla de dar pistas de donde trabajas en la actualidad sin desvelar el nombre de la empresa.
Llegado el momento de la entrevista, deberás tener suficiente capacidad de análisis para valorar si realmente es conveniente decir dónde trabajas exactamente o no.

Evita hablar mal de tu actual trabajo o empresa

Es habitual que, cuando un profesional se plantea cambiar de compañía, tienda a no hablar demasiado bien de su actual trabajo o empresa. Craso error.
Esto es algo que debes evitar por una cuestión de lógica: el entrevistador puede llegar a pensar que podrías hacer lo mismo en tu nueva empresa o con tu nuevo jefe.

Para evitar esta situación puedes transmitir a tu entrevistador que uno de los principales motivos de cambio se debe a la convicción de que en esta nueva compañía lograrás desarrollar mejor tu trabajo y habilidades.

 

Recuerda que el éxito de una entrevista depende, en gran medida, de tu capacidad para comunicar a la persona que te entrevista tus objetivos y valores.