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Muchas veces creemos que tenemos una gran capacidad de comunicación. A veces, sobre todo en el ámbito profesional, tanto es así que llegamos a pensar que no es nuestro modo de comunicarnos el problema, sino los demás los que no saben escuchar.

Antes de continuar hago un paréntesis para compartir con vosotros esta afirmación que hizo el científico Miller y que me parece que viene al caso.

Señalar los errores de los demás como justificación de nuestros problemas es el pasatiempo número uno de las sociedades individualistas. 

Retomando el tema, debemos ser conscientes de que el enemigo más grande del desarrollo personal puede llegar a ser nuestra forma de pensar. Si creemos ser perfectos y los demás no están a nuestra altura, difícilmente nos plantearemos cómo mejorar, ni mucho menos cómo mejorar.

Por experiencia te puedo decir que todas las personas tenemos unos puntos más fuertes y otros más débiles en lo que a nuestra comunicación se refiere. Y, sobre todo, no hay una sola persona en este mundo que no precise trabajar para mejorar su comunicación.

A continuación te facilito algunas claves para mejorar tu comunicación:

Conócete

Antes de realizar cambios, debes conocer cuáles son tus puntos fuertes y cuáles los más débiles. Los fuertes, mantenerlos y potenciarlos. Los débiles, trabajar para mejorarlos.

Una buena manera de comenzar es repasar los últimos encuentros que has tenido y en los que has puesto en práctica tu comunicación.
Describe tu estilo a la hora de comunicarte, pregúntate cómo te has comunicado, cuáles fueron las consecuencias que han provocado la forma en la que lo has hecho, qué herramientas has utilizado y cuáles han sido positivas o negativas, qué otras herramientas podrías utilizar, etc.

Ten actitud positiva

Una actitud positiva es fundamental para casi todo en la vida. En este caso no es una excepción.

Nuestras actitudes derivan de nuestras creencias, de nuestros sentimientos y de nuestras intenciones.

Y en cualquier acto comunicativo, nuestras actitudes, son tan importantes como nuestro comportamiento.

escuchar en los negocios

Dijo el científico y novelista alemán, Goethe, que “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”. Recurro a su frase como título y para comenzar este post, a través del que intentaré exponer las razones y motivos por los que ser buen directivo y saber escuchar son dos conceptos que están intrínsecamente unidos.

Afirmaba Goethe con gran acierto que “escuchar es una necesidad”. Y es que, si nos paramos por un momento a analizarlo, rápidamente nos daremos cuenta de que hablamos para ser escuchados, ya que la escucha valida el hablar.

La otra afirmación de Goethe asegura que “escuchar es un arte”. Cierto también… Y es que cuando hablamos de escuchar, no hablamos del mero hecho biológico de oír, sino de comprender e interpretar lo que están diciendo.

A priori parece más importante y relevante saber hablar que saber escuchar. Sin embargo, no es así; es precisamente la capacidad de escuchar y saber escuchar una de las características que más se valoran en un directivo.
Es probablemente en la escucha donde radica una de las mayores dificultades de cualquier directivo, ya que es muy habitual que este tipo de profesional se centre más en lo que tiene que decir y cómo lo debe decir que en lo que realmente le están diciendo.

Son muy comunes los casos de directivos prometedores con un gran componente racional que fallan en el desarrollo de sus responsabilidades profesionales y ejecutivas por el simple hecho de contar con escasas habilidades emocionales y un exceso de impaciencia. A pesar de contar con un inmenso potencial, fallan por no saber escuchar, por no tener en cuenta al interlocutor, lo que lleva ofrecer respuestas rápidas, precipitadas y, al no escuchar y no saber y comprender el problema, poco coherentes.

La clave principal para evitar este  mal común entre directivos (y también los que no lo son) es mostrarles la importancia de escuchar y comprender desde la racionalidad y también desde las emociones; y luego, la importancia de ser escuchados y comprendidos. El profesional debe centrarse en lo que le están diciendo desde una perspectiva racional y también emocional; y después preocuparse en lo que dice y cómo lo percibe e interpreta su interlocutor.

No es tarea sencilla, pero con práctica, todo se puede lograr… es cuestión de practicar la escucha del interlocutor y la propia. Y, sobre todo, antes de responder, tener la calma suficiente para reflexionar e interpretar lo que están diciendo.

Con un poco de paciencia, humildad y práctica, los resultados se harán visibles…

comunicación internaDijo Woody Allen que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”. Gran verdad.

En la empresa, la comunicación interna no es un lujo de las grandes compañías, es una necesidad de cualquier empresa, máxime en esta etapa de cambios y resultados un tanto inciertos que venimos atravesando desde hace ya algún tiempo.

Se ha convertido la comunicación interna, sin ninguna duda, en uno de los grandes retos profesionales del siglo XXI. Y es que aún son muy pocas las entidades que apuestan por el desarrollo de una correcta política de comunicación interna que facilite la implantación de los cambios necesarios para alcanzar los objetivos impuestos y desarrollar las estrategias que permitan retener el talento.

Muchas empresas ignoran o hacen caso omiso a la obviedad de que para ser competitivas y adaptarse a los cambios a los que inevitablemente nos obliga el mercado, entre sus prioridades debe estar la motivación de su equipo humano, la elaboración de estrategias que permitan retener en la empresa a los mejores

La comunicación no consiste sólo en hablar o crear discursos, la comunicación consiste en construir relaciones. Comunicar también es demostrar, es acreditar, es decir con palabras y sin ellas. Comunicar es crear un clima que facilite el entendimiento y fomente el diálogo, que ayude a comprender el porqué de las cosas, es buscar y dar sentido a aquello de lo que se presume. Comunicar es también, por supuesto, una invitación a conocer, es incitar a la curiosidad.

Uno de los principales objetivos de la comunicación interna es mejorar o aumentar la eficacia del equipo humano. Y para ello ese equipo se debe sentir cómodo, algo que sólo se consigue realmente si está informado y conoce a fondo los entramados de la compañía para la que trabaja: su filosofía, su misión, sus valores, sus estrategias… Sólo así se consigue que ese equipo se sienta integrado y parte de la empresa, de manera que todos, desde los empleados, pasando por todos los departamentos de la empresa, hasta la dirección, estén dispuestos a dar todo de sí mismos.

Cabe destacar los dos tipos de comunicación interna que existen: ascendente, es aquella comunicación que se realiza desde abajo hacia arriba en el organigrama de la compañía; y descendente, al contrario que la anterior tiene lugar desde arriba hacia abajo. Y digo que cabe destacar las dos formas porque es muy común que las empresas caigan en el error de basar su comunicación en un modelo unidireccional en el que los empleados se convierten en simples sujetos pasivos, cuando en realidad el feedback es algo muy importante, fundamental dentro de cualquier compañía; y la comunicación y el diálogo entre dirección y trabajadores debe ser constante y fluido.

Y es que no es lo mismo informar que comunicar. Podemos informar a través del lanzamiento o la transmisión de mensajes; sin embargo, la comunicación no es unidireccional, precisa de una respuesta por parte del receptor.

Cuando estamos ante una comunicación auténtica y efectiva, ésta transciende quedando impresa en los hechos y, paradójicamente, se termina forjando sin palabras.