Cuando gestionar hacia arriba se convierte en tu mayor habilidad: el arte del “managing up”
Hay una habilidad directiva de la que se habla poco en los libros de liderazgo y casi nada en los programas de formación para directivos. No es la capacidad de motivar equipos, ni la de tomar decisiones bajo presión, ni la de gestionar conflictos. Es algo más incómodo, más sutil y, en mi experiencia, absolutamente determinante para el desarrollo de una carrera profesional: saber gestionar la relación con tu propio jefe.
A esto se le llama managing up. Y quien lo domina tiene una ventaja competitiva real que muy pocos saben nombrar.

Qué es el “managing up” y por qué importa
El managing up no es adular a tu superior. No es decirle siempre que sí, ni anticiparte a sus caprichos, ni convertirte en su sombra. Es algo bastante más sofisticado: gestionar de forma proactiva la relación con las personas que están por encima de ti en la organización, de manera que esa relación sea productiva, fluida y beneficiosa para ambas partes y para el proyecto común.
He visto muchas veces en mi carrera cómo profesionales brillantes, con talento real y resultados objetivamente buenos, se quedaban estancados porque no sabían relacionarse con eficacia con sus superiores. Y al contrario: perfiles más modestos en capacidades técnicas que avanzaban con rapidez precisamente porque habían desarrollado, de forma intuitiva o consciente, esta habilidad que nadie les había enseñado formalmente.
La conclusión que he sacado después de años acompañando a directivos es clara: el talento sin visibilidad no asciende. Y gestionar hacia arriba es, en gran medida, la herramienta que convierte el buen trabajo en reconocimiento real.
Por qué cuesta tanto gestionar hacia arriba
El peso de la jerarquía
La mayoría de los profesionales han sido educados, dentro y fuera de las organizaciones, en una lógica vertical muy clara: el jefe decide, el colaborador ejecuta. En ese esquema, tomar la iniciativa para gestionar la relación hacia arriba puede sentirse como una intromisión, como algo que no corresponde o, peor aún, como una señal de ambición excesiva.
Por lo que he podido observar a lo largo de mi carrera, ese freno es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo profesional de muchos directivos. No es falta de capacidad. Es falta de permiso interior para ocupar ese espacio de influencia hacia arriba que, en realidad, forma parte legítima del rol de cualquier profesional con responsabilidad.
El miedo a parecer interesado
Hay también un componente cultural importante. En muchos entornos, especialmente en España, gestionar la relación con el superior de forma activa se asocia automáticamente con el peloteo, con la búsqueda de favores o con la falta de autenticidad. Y eso lleva a muchos profesionales a adoptar una postura de perfil bajo que, a largo plazo, les perjudica.
La diferencia entre gestionar hacia arriba con integridad y hacer la pelota es, en mi experiencia, una cuestión de intención y de método. Uno busca construir una relación de trabajo más eficaz. El otro busca beneficio personal a cualquier precio. No tienen nada que ver.
Qué implica realmente gestionar hacia arriba
Entender cómo funciona tu superior
El primer paso del managing up es, quizás, el más obvio y el más ignorado: conocer bien a la persona con la que trabajas hacia arriba. Cómo toma decisiones, qué información necesita y en qué formato, qué le genera confianza y qué le genera ruido, cuáles son sus prioridades reales más allá de las declaradas, cómo gestiona la presión.
Cada directivo es distinto. He comprobado muchas veces que lo que funciona perfectamente con un superior puede ser completamente contraproducente con otro. Hay jefes que valoran la proactividad y quieren ser consultados antes de que los problemas lleguen a su mesa. Hay otros que prefieren que les presentes soluciones, no problemas. Hay quienes necesitan contexto y detalle para sentirse seguros en sus decisiones, y quienes se bloquean si les das demasiada información. Conocer ese mapa es la base de todo lo demás.
Anticipar, no solo reaccionar
Una de las características que más valoro en los profesionales con los que he trabajado es la capacidad de anticipación. Y en el contexto del managing up, anticipar significa no esperar a que tu superior te pregunte para informarle, no esperar a que el problema sea visible para señalarlo y no esperar a que la situación se complique para pedir orientación.
Un profesional que gestiona bien hacia arriba mantiene a su superior informado de forma proactiva, sin saturarle, con la información relevante en el momento oportuno. Eso genera algo muy valioso en cualquier organización: confianza. Y la confianza, en mi experiencia, es la moneda de cambio más poderosa que existe en el desarrollo de una carrera directiva.
Gestionar las discrepancias con inteligencia
Uno de los momentos más delicados del managing up es cuando no estás de acuerdo con tu superior. Y aquí es donde muchos profesionales fallan, por exceso o por defecto: o callan cuando deberían hablar, o confrontan de una forma que genera más resistencia que reflexión.
He visto varias veces cómo una discrepancia bien gestionada, planteada en el momento adecuado, con los argumentos correctos y desde una postura de colaboración, no solo consigue cambiar una decisión, sino que refuerza la credibilidad de quien la plantea. Y al contrario: silencios mantenidos durante demasiado tiempo que terminan explotando en el peor momento posible.
Discrepar con inteligencia es una habilidad. Implica elegir bien el momento, separar los hechos de las opiniones, plantear alternativas en lugar de solo objeciones y hacerlo siempre desde el interés compartido, no desde el ego.
Pedir lo que necesitas, sin esperar a que te lo ofrezcan
Otra dimensión del managing up que suele pasar desapercibida es la capacidad de pedir. Pedir feedback, pedir recursos, pedir visibilidad, pedir claridad sobre expectativas. En mi experiencia, la mayor parte de los malentendidos entre un directivo y su superior tienen su origen en expectativas no explicitadas. Cada parte asume que la otra sabe lo que necesita, y ninguna de las dos lo ha dicho en voz alta.
Un profesional que sabe gestionar hacia arriba no espera a que su superior adivine lo que necesita para rendir mejor. Lo identifica, lo articula y lo plantea de forma clara y en el momento adecuado.
Los beneficios que nadie te cuenta
Para ti
Gestionar bien la relación con tu superior reduce la incertidumbre, alinea expectativas y crea las condiciones para que tu trabajo sea reconocido de forma justa. No garantiza el ascenso, pero elimina muchos de los obstáculos que lo frenan sin que nadie los nombre.
Por lo que he visto en años de acompañamiento a directivos, los profesionales que desarrollan esta habilidad reportan también niveles mucho más bajos de frustración en el trabajo. Porque han dejado de depender de que las cosas “se vean solas” y han tomado el control de su propia visibilidad.
Para tu superior
Un colaborador que gestiona bien hacia arriba es, para cualquier directivo, un alivio. Le ahorra energía, le anticipa problemas, le da información de calidad y le permite tomar mejores decisiones. En mi experiencia, los mejores jefes valoran enormemente a las personas que saben hacer esto, aunque no siempre sepan ponerle nombre.
Para la organización
Cuando el managing up se practica con integridad en todos los niveles de una organización, la comunicación fluye mejor, las decisiones se toman con más información y los conflictos se gestionan antes de que escalen. Es, en el fondo, una competencia que hace más eficaces a los equipos y más saludables a las culturas organizacionales.
Cómo empezar a practicarlo
No existe una fórmula universal, pero sí algunos puntos de partida que, en mi experiencia como coach, suelen marcar la diferencia:
Dedica tiempo a observar y entender cómo funciona tu superior antes de intentar adaptar tu forma de relacionarte con él. Revisa si estás informando de forma proactiva o si solo reaccionas cuando te preguntan. Identifica si hay discrepancias que llevas tiempo callando y que merecen ser planteadas. Y pregúntate, con honestidad, si estás pidiendo lo que necesitas o si estás esperando a que alguien lo intuya.
El managing up no es una técnica de manipulación ni un atajo para trepar. Es una forma madura y responsable de ejercer influencia en todas las direcciones, también hacia arriba. Y dominarlo, en mi experiencia, es una de las decisiones más inteligentes que puede tomar cualquier profesional que quiera acelerar su carrera sin perder su integridad en el camino.


