Contar con un armónico equipo de trabajo en la empresa es vital para conseguir metas y logros donde triunfen la compañía y al mismo tiempo cada trabajador.

En este sentido cada grupo de trabajo debe lograr una excelente cohesión que les permita incrementar la productividad.

Valores comunes: elementos claves en la cohesión de un equipo de trabajo

Sin embargo para lograrlo resulta imprescindible desarrollar o compartir valores comunes para hacer del equipo de trabajo la mejor compañía hacía el viaje del éxito empresarial.

10 Valores comunes del trabajo en equipo

  1. Autocontrol: sin autocontrol ninguna relación ya sea personal o laboral en las que se presenten conflictos y altercados, podrá funcionar. Si bien el trabajo puede conllevar desacuerdos y estrés, es necesario tener autocontrol para saber manejar las emociones y afrontar las situaciones desde la calma y la búsqueda de acuerdos positivos.
  1. Habilidades de comunicación: una saludable comunicación con los demás es garantía del desarrollo de un buen trabajo en equipo. Es importante lograr hablar con los demás integrantes del grupo en términos adecuados, correctos, constructivos y de respeto.
  1. Confianza: no sólo en uno mismo, sino en los demás. Confiar en las capacidades de cada miembro del equipo, en sus conocimientos y habilidades para que cumplan con sus tareas adecuadamente, resulta fundamental para que la relación de grupo funcione. Si no hay confianza, no hay nada.
  1. Responsabilidad personal: cada miembro del equipo debe tener muy clara su propia responsabilidad, sus tareas y debe comprometerse a cumplirlas de manera competente.
  1. Responsabilidad con el grupo: a partir del nivel de responsabilidad y compromiso personal, se aporta al equipo. Si no hay cohesión y pensamiento en conjunto, será muy difícil que funcione el trabajo.
  1. Organización: no se puede permitir que el caos tome el liderazgo en el equipo porque irremediablemente traerá fracaso. El orden y la organización son valores fundamentales para que todo funcione de manera adecuada y que cada quien cumpla sus tareas .
  1. Honestidad: reconocer con sinceridad las falencias y carencias es algo que humaniza al grupo. Ser honesto ayuda a pedir ayuda cuando algo no se sabe hacer, a reconocer cuando no se llega a tiempo o cuando una situación particular afecta el trabajo del grupo.
  1. Integridad: la integridad contempla muchos otros valores como la disciplina, el control emocional, el respeto, la puntualidad, la firmeza en el actuar. Es dar buen ejemplo a los demás miembros del grupo demostrando rectitud y obrando acorde a los principios.
  1. Proactividad: aportar ideas, soluciones, motivación, fuerza y ganas al equipo hacen de la proactividad un valor imprescindible en el trabajo en equipo. No es esperar a recibir instrucciones solamente o a tener una actitud pasiva que perjudique a todos.

 

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  1. Motivación: el impulso a querer hacer las cosas bien con ilusión, con motivación, es importante tanto a nivel personal como grupal. El toque de una actitud positiva es vital para un trabajo en equipo exitoso.

El trabajo en equipo en sí es un gran valor para una organización así como para sus miembros.

El secreto está en hacerlo de buena manera, aplicando los valores expuestos con el único fin de lograr el éxito personal y empresarial.

Antes de acabar, me apetece dejaros con un video en el cual Steve Jobs explicaba, de una forma que solo él quizás sabía hacer, de cómo el éxito de Apple pasaba en aquellos años por una exitosa gestión y cohesión de equipos de trabajo:

¡que lo disfrutes!

 

Con estar de acuerdo en normas o resultados en un proyecto es suficiente para que el trabajo en equipo sea óptimo. Los trabajadores deben tener la capacidad de debatir una propuesta y defender su postura ante los demás sin que haya malas caras. Uno de los retos más difíciles es llegar a un acuerdo que favorezca el desarrollo del proyecto. Para esto es importante alentar el trabajo en equipo proponiendo actividades y desafíos que faciliten la cooperación entre sus miembros.

El equipo en la cultura actual

En el mundo competitivo que vivimos actualmente, las pequeñas y grandes corporaciones que no sean capaces de desarrollar una cultura lo suficientemente sólida como para generar en sus empleados e integrante el interés hacia un objetivo común, no podrán lograr perdurar durante mucho tiempo.

Está por demás comprobado que los que trabajan en equipo son mucho más fuertes en la competencia productiva del mercado que enfrentan. Un ejemplo obvio se da en los deportes grupales cual sea que fuere. El éxito individual depende del trabajo grupal y a la inversa el logro grupal como equipo, está supeditado al esfuerzo individual y el complemento entre sus “players”.

Ejercicios que pueden formar un equipo en la oficina

Dentro de la oficina se pueden hacer desafíos que creen un equipo sólido. Uno de ellos muy utilizado es el Desafío del Comunicador. Consiste en que un integrante realice un dibujo sin enseñarlo a sus compañeros. Luego da instrucciones a los demás miembros para que ellos también lo reproduzcan. Cuando se exponen todos notarán que nunca un dibujo es igual que otro.

Este ejercicio dispara un debate para reflexionar sobre el punto de vista de cada uno. Estas actividades conviene realizarlas una vez al mes ya que ayuda a que los miembros del equipo conozcan sus debilidades y fortalezas no solo en el ámbito empresarial sino también conocerse personalmente y cuál es su punto de vista.

La unión hace la fuerza

Un grupo se transforma en equipo cuando alcanza una cohesión. Para lograrlo es muy importante establecer relaciones positivas, fijar una serie de normas y crear lazos de atracción interpersonal, donde la figura de un líder es fundamental.

La unión de un equipo de trabajo se expone a través del sentido de pertenencia y compañerismo, entre otros valores. Cuanta más unión exista más productivo serán los resultados de sus acciones.

Saber trabajar en equipo es una aptitud muy solicitada

Las empresas, valoran cada vez más que los candidatos sean expertos en un determinado campo para ser competitivos y ofrecer un servicio que tenga un valor añadido. Frases como “se valorarán competencias de buen trabajo en equipo” están  incluidos dentro de los conocimientos que se valoran en el proceso de selección.

Las empresas en la actualidad son conscientes de la gran importancia que significa el trabajo en equipo ya que produce un alto aumento de rendimiento y aplicar todas las herramientas que se encuentran a su alcance fomente la productividad de las organizaciones.

Antes de despedirme,  teniendo además en cuenta el título que le quise dar al articulo de este mes, no podía no acabar con una de las escenas más legendarias del cine … un discurso enorme el de Al Pacino, lleno de fuerza y que te recomiendo disfrutar si todavía no lo habías visto.

Es un discurso de ámbito deportivo pero, cómo podràs ver, se puede trasladar perfectamente tanto a la esfera profesional como personal.

 

¿En cuántas ocasiones habrás respondido a quien intentaba hablarte antes de que terminara de decirte lo que quería, hiciste un juicio previo y dejaste de escuchar el resto de palabras porque ya te habías hecho una idea del mensaje?

De seguro muchas veces tú, todos, hemos caído en el error de creer tener la razón sin tomarnos el tiempo para escuchar al otro y analizar sus puntos de vista. En este sentido la técnica de escucha activa resulta crucial para establecer relaciones efectivas de trabajo o de vida personal.

La escucha activa consiste en prestar atención y comprender adecuadamente cualquier mensaje que nos transmitan y simultáneamente mantener una actitud positiva frente a lo dicho. En este sentido la técnica hace que nos centremos en lo que la otra persona quiere decirnos y luego de haber comprendido claramente el contenido del mensaje, se pueda juzgar o interpretar de manera adecuada.

escucha activa

La escucha activa en las empresas

Si bien esta técnica es aplicable a todos los niveles de mando al interior de una organización, resulta muy interesante y estratégico ver cómo influye en la motivación de un mando intermedio dentro de la compañía.

Te preguntarás porqué es tan importante aplicarla en este nivel jerárquico. Los mandos medios ocupan una posición clave en el sistema de trabajo, ya que en sus manos está la planificación, ejecución y control de procesos y equipos de trabajo.

De hecho son los responsables de canalizar la estrategia empresarial, implementarla, asumir objetivos y orientar a sus colaboradores a que los cumplan. En este sentido y debido a sus funciones, son los que más conflictos tienen y viven permanentemente en estrés organizacional.

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La escucha activa como elemento fundamental en la motivación de un mando intermedio

Debido a que la verdadera fortaleza del mando intermedio reside en su interior, en su autoconfianza, en su autoestima y en la capacidad de visualizar las metas y organizar su equipo para conseguirlas, la escucha activa resulta vital para su motivación y para lograr una buena interacción con el personal a su cargo.

La escucha activa le puede aportar muchas ventajas. Le permite como mando medio tomarse el tiempo para evaluar y comprender al emisor, a su colaborador, para precisar y entender lo que dice y garantizar de paso que ha comprendido la instrucción dada.

En el plano de relaciones humanas la escucha activa le ayudará a suavizar tensiones, entender las discrepancias, las quejas y reducir hostilidades

La técnica le permitirá a los mandos medios tener un clima laboral y les permitirá tener entre otras cosas:

Tranquilidad y cooperación: relajar situaciones tensas. Dedicar el tiempo para escuchar activamente a trabajadores molestos o enfadados y analizar los motivos de su estado de ánimo y sin interrupciones, es un claro ejemplo de cómo aplicar la técnica. El objetivo en este encuentro es escucharlos atentamente y retroalimentar con frases como “comprendo tu estado de ánimo…; entiendo; Me pongo en tu lugar…” Cuando la persona siente que es escuchado y atendido lo más seguro es que se calme y facilite llegar a una solución adecuada.

RECONOCER, es tan importante que se escribe igual al derecho que al revés…

Durante muchos años trabajé para una empresa a tiempo completo, con las dos claves que me garantizaba seguridad en el empleo por cuenta ajena; Crecer profesionalmente y económicamente. Sin embargo, comenzaron a surgir una serie de reflexiones que comenzaron a indicarme, que quizás había llegado el momento para pensar en cambiar de trabajo. El tipo de preguntas que señalaron la posibilidad de pensar en otras opciones fueron los siguientes:

●      ¿Siento que algo me falta en este empleo y podría mejorar en otro?

●      ¿Siento que hay un desequilibrio en mi vida laboral?

●      ¿Tengo claro qué quiero lograr en otro empleo?

Plantearme esta serie de preguntas, sin duda, fueron uno de los primeros elementos que me indicaron que había algo que renovar y de que existía una necesidad. La de reinventarme.

La necesidad de reinventarse, un indicador clave para cambiar de trabajo

Otro de los elementos que me indicaron que era el momento de buscar nuevas perspectivas, era la necesidad de reinventarme, es decir contemplarme como una persona nueva, con talentos diferentes y en busca de oportunidades innovadoras. Para lograr este proceso fue determinante iniciar un proceso de deconstrucción seguido de la reconstrucción de la propia historia profesional en la empresa en la que había trabajado hasta el momento.

Reinventarse implicaba reconocer la necesidad de retribución. Es decir comenzar reconocer que algo faltaba en mi vida laboral y que quizás podría mejorar a través de una mejor situación económica que tuviese como efecto un mejor equilibrio entre la vida personal y el trabajo, con un estilo de vida nuevo.

Realizar un balance, otro elemento orientador

Realizar un balance, es otro de los elementos que me permitieron identificar la necesidad de cambiar de horizontes y era urgente llevarlo a cabo antes de que llegará un catalizador drástico que me obligará a cambiar de empleo de una forma inesperada. Acontecimientos drásticos tales como un despido fortuito, una enfermedad, ect.

Para realizar un correcto balance fue necesario comenzar por llevar a cabo una auditoria personal. Este examen me permitiría obtener más indicadores de que era hora para cambiar y que resistirme solo generaría desmotivación y ansiedad.

Un ejercicio que me sirvió en la realización del balance fue colocar en el centro de una hoja de papel el nombre personal. Del lado izquierdo escribí las decepciones y frustraciones del empleo actual. Del lado derecho, los placeres del empleo actual. Conviene escribir las actividades laborales que se han desarrollado a través de los años en la empresa.

Una vez realizado el ejercicio, pude observar en dónde existían fuerzas que no toleraba y de ambos lados subrayé puntos de quiebre en donde identifiqué los asuntos en los que había que colocar más atención. En este sentido hay que busqué inclinar la balanza de lo desagradable hacia lo agradable para obtener un equilibrio en la vida laboral, personal y familiar.

Una vez que tuve claro los elementos que indicaron la necesidad de reinventarme y entendí que era hora de aceptar el cambio y volar hacia nuevos horizontes profesionales..

No sólo se ve en España. Aproximadamente el 61% de los ejecutivos más poderosos del mundo no tienen presencia en las redes sociales. Así lo indica un estudio de la agencia de comunicación española “Eureka PR”, que recoge los principales motivos por los cuales los directivos de importantes empresas huyen de estas plataformas tecnológicas.

Los directivos participantes en el estudio hacen parte de importantes compañías con el mayor volumen de facturación en España. La gran mayoría de ellos no tienen perfiles personales en Facebook ni en Twitter.

¿Por qué los directivos de las empresas huyen de las redes sociales?

El estudio recoge la opinión de importantes consejeros delegados y CEO de empresas cuyas facturaciones en redes sociales son muy altas. Estas son las principales razones:

  • Estas herramientas suponen más una distracción o una carga, que una ventaja real para ampliar el nivel de confianza de los usuarios en su marca.
  • Tienen recelo con su vida e información personal.
  • Están prevenidos y miedosos al pensar que por redes sociales puedan recibir críticas, ser cuestionados o dejar en evidencia opiniones personales que vayan más allá de la imagen pública de la compañía y de sus protocolos.
  • Estiman que no es ni necesaria ni beneficiosa su presencia en este tipo de plataformas.
  • No les agrada exponerse en canales sociales. Prefieren la prudencia, valor que poco se aprecia en las redes sociales.
  • El mismo sector en el que trabajan puede no tener buena aceptación en el público por temas de incrementos de tarifas, impacto medioambiental, etc. Estos factores podrían suscitar críticas o insultos sobre su gestión. Prefieren evitarlas.
  • Consideran que las redes sociales no son un valor seguro sino un entorno desgobernado donde una declaración puede sacarse de contexto y convertirse en viral en una red social.
  • Se corre el riesgo que la audiencia invente o interprete la información sobre él. En este sentido sienten que pueden perder el control de su reputación e incluso afectar a la de sus empresas.
  • Las redes sociales en general, incluido LinkedIn, son entretenimiento, con un coste en dedicación de tiempo y atención muy grande y de cierta forma, una amenaza para la privacidad.
  • No evidencian en sí ningún beneficio para un directivo, a menos que desee establecer un canal de comunicación con los clientes de la compañía. Sin embargo en ese caso, normalmente lo gestiona el área de comunicación de su empresa.
  • La presencia en una red social implica una intensa y constante frecuencia de generación de contenidos, lo cual está fuera del alcance de cualquier directivo.
  • La privacidad es un derecho que debe ser preservado con celo.

El otro lado de la moneda

Sin embargo el estudio también concluye que las redes sociales no ven con buen agrado la ausencia de un canal de difusión que permita la interacción con los altos ejecutivos de las compañías. Transmite una sensación de falta de transparencia y crea altos muros que dificultan el engagement entre las marcas que representan y sus propios consumidores.

 

 

 

inteligencia emocional

El valor de ser emocionalmente inteligente

Cuando hablamos de inteligencia emocional, hablamos de cómo gestionamos las emociones, cómo las entendemos y cómo las manejamos; las propias y también las de los demás. Y la podemos definir a través de estos cuatro aspectos:

  1. Autoconciencia: se produce cuando somos capaces de identificar las emociones en nosotros mismos y el origen de las mismas. A través de ella se definen una serie de circunstancias internas y externas que determinan la forma de pensar, sentirnos, comportarnos y relacionarnos, aparte de las actitudes que cada uno de nosotros posee y todo aquello que le interesa y motiva hacia la satisfacción de las necesidades personales.
  1. Autocontrol: El autocontrol es la capacidad de dominar nuestras propias emociones, nuestros pensamientos, nuestros comportamientos y nuestros deseos. Se trata de una habilidad para controlarnos y manejar nuestro propio cuerpo y mente.
    Cabe añadir que no muchas personas poseen autocontrol, pero es algo que se puede trabajar mejorar.
  1. Empatía: Mucho hemos hablado de la empatía en el blog… Se trata de la habilidad y capacidad que tenemos para reconocer y conectar con las emociones de los demás. Y es, sin duda, una de las competencias más importantes cuando hablamos de inteligencia emocional.
    Como dato curioso te cuento que la palabra empatía procede de dos vocablos griegos que significan “dentro de él” y “lo que se siente”.
  2. Habilidades sociales: es la capacidad que poseemos de relacionarnos con los demás. Se trata de esos rasgos de comportamiento y comunicación que nos hacen tener éxito en la vida. Esa es la definición oficial, por decirlo de alguna manera; sin embargo, yo, más que hablar de éxito, prefiero hablar de bienestar, de saber vivir en armonía y equilibrio, de compartir experiencias y de comunicarnos con fluidez, asertividad y efectividad para formar esa cohesión social en la que llegamos a acuerdos creando un bienestar a nuestro alrededor, porque ello se expande a todas las facetas de nuestra vida: personal, profesional y de salud.

5 pasos para desarrollar tu inteligencia emocional

1. Detecta las emociones

La caótica rutina que llevamos nos empuja a vivir desconectados de nuestras emociones. Vivimos corriendo, demasiado centrados en plazos, en llegar a tiempo a todo, en resolver los imprevistos que se presentan cada día…

pero es importante que entendamos que no podemos deshacernos o borrar nuestras emociones, por lo que debemos aprender a identificarlas y entenderlas. Y para ello, la mejor manera de lograrlo es pisando el freno del frenético día a día, parando un momento cada vez que algo nos haga sentirnos de una forma determinada, analizar el por qué, reflexionar sobre el origen de esa emoción. ¡Busca la raiz!

Es probable que al principio esta sea una tarea complicada porque no estamos entrenados para hacer esto. Pero la práctica te permitirá, poco a poco, encontrar respuestas y avanzar en este camino de aprender a detectar, reconocer y comprender tus emociones.

2. Amplia tu vocabulario (emocional)

La alegría, la tristeza, el enfado y el miedo son las emociones básicas, de las que parten todas las demás… Pero te sugiero que a la hora de tratar de reconocer tus emociones no recurras solo a ellas, sino que vayas un poco más lejos; trata de ser más específico/a, amplía tu vocabulario para encontrar la definición exacta, para ser más preciso/a.

Recuerda que el no dominar el lenguaje nos limita, trabaja en él tu mundo se expandirá.

3. ¡Ojo! No todo es lo que parece

Como decía en el punto anterior, son cuatro las emociones básicas que desencadenan todas las demás. Por ello muchas veces podemos caer en el error de que lo que nos está pasando, lo que estamos sintiendo, es la emoción secundaria, pero en realidad el origen radica en alguna de las cuatro anteriores.

Ten siempre en cuenta que a veces no todo es lo que parece y analiza muy bien cada situación y cada emoción.

4. No te juzgues

Las emociones son necesarias, ¡todas!, las buenas y también las malas; ellas nos ayudan a descubrir lo que está pasando a nuestro alrededor, en nuestra vida, lo que está pasando con nosotros. No trates de reprimirlas porque sería como ponerte una venda en los ojos y andar por la vida sin ver nada.

Incluso las emociones negativas tienen como objetivo darnos información de lo que está ocurriendo. Así, el miedo nos indica que quizá no contamos con los recursos necesarios para hacer frente a una situación; el enfado es una emoción negativa que aparece cuando sentimos atacados nuestros derechos o necesidades; o la tristeza nos indica la pérdida de algo que es importante para nosotros, pero no solo nos lo grita, sino que ese sentimiento también nos ayuda a superar la ausencia.

La clave está en no ver las emociones como algo bueno o malo, sino como en indicadores de información.

5. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas

¿Cuántas veces has escuchado o tú mismo has dicho que al perder el control no eras dueño de tus actos?

Esa no es excusa. Ni siquiera es del todo cierto, ya que, aunque no podemos evitar nuestras emociones, sí podemos modificar nuestros pensamientos. Y te aseguro que controlar los pensamientos que tienes, te permitirá mantener también bajo control tus actos, tus reacciones y tu forma de comportarte en todo momento.

Conclusión

Lo cierto es que resulta muy preocupante la poca cultura emocional de un gran número de adultos. A mayor capacidad para reconocer y dominar nuestros pensamientos y emociones; y cuanto más concretos y exactos seamos a la hora de expresarlas, más exteriorizaremos y menos reprimiremos. Y eso es sinónimo de una buena gestión emocional y una mejor salud mental y, por lo tanto, también una mejor calidad de vida.

 

 

star wars

38 años después de su lanzamiento, Star Wars continúa causando furor. El marchandising de la película sigue estando entre los más cotizados y aunque la película fue un éxito antes incluso de que nacieran, los jóvenes de hoy conocen el filme, la historia y las míticas frases de la misma.
Casi dos décadas han pasado y aún podemos rescatar valiosas lecciones que este clásico del cine nos ha dejado sobre la vida y los negocios.

Parto de esa magnífica interpretación de la fuerza que hace el filme, a través de los Shits y los Jedis.
Los unos utilizan la fuerza para explotar el miedo, el odio y la ira para satisfacer sus necesidades de control; los otros la misma fuerza la emplean para potenciar el coraje, la prudencia y la compasión con el fin de hacer a los demás más sabios, comprensivos, flexibles y valientes.
El mismo recurso utilizado de formas tan dispares… Y este ya es un símil que podemos llevar a nuestra vida personal. De hecho, no puedo resistirme a preguntarte antes de continuar:

¿Dónde estás invirtiendo tus fuerzas? 

En nuestra vida y en los negocios o en el ámbito profesional, también podemos elegir, también podemos decidir si queremos pertenecer al «lado oscuro» o al «lado luminoso». Todo depende de hacia dónde enfocamos nuestras fuerzas.

Te invito a parar unos segundos y reflexionar sobre esto. Analizar dónde estás invirtiendo tus fuerzas, a qué le estás dedicando la mayor parte de tus energías…

Las lecciones de negocios que nos enseña Star Wars si elegimos el «lado luminoso»

Hazlo o no lo hagas, pero no solo lo intentes (Yoda)

¡Qué gran frase! Y qué inspiradora…
Esta reveladora frase nos recuerda que nuestra capacidad de alcanzar nuestros objetivos, metas y sueños depende solo de nosotros mismos y de nuestra determinación para ello.

Recuérdala, tenla siempre presente. Si tomas la decisión de hacer algo, hazlo. Pero, si no vas a ir a por todas, con todo lo que tienes, mejor no comiences aún a hacerlo.

Emprender el camino hacia un objetivo y dejarlo a medias, sabiendo que nos has dado todo de ti, solo te va a frustrar; es muy peligroso porque esta práctica puede hacer que pierdas la confianza en ti mismo y que decaiga tu autoestima.

¡No lo permitas! Comprométete contigo mismo y con tus metas. Y ve a por ellas sin excusas… Está permitido caerse por el camino, lo quee no está permitido es rendirse; si te caes, levántate y vuelve a intentarlo aprovechando el aprendizaje.

Derríbame y me volveré más poderoso de lo que jamás pudiste imaginar (Obi-Wan Kenobi)

El miedo no es malo, es lógico; lo malo es dejar que el miedo nos paralice y nos condicione. Y el fracaso puede ser eso, un fracaso o puede ser el mejor de los maestros, todo depende de cómo lo asumas. Y solo tú puedes decidir.

Los errores y fracasos son necesarios y sirven para aprender. Cuando algo no salga como tenías planeado, no dejes que te hunda; analiza la situación, extrae el aprendizaje y sigue luchando con más fuerza, determinación y un arma extra: el aprendizaje y la experiencia.

¡Nunca me digas las probabilidades! (Han Solo)

Que no te las digas. Y no te las digas…
Pero, sobre todo, nunca dejes que las probabilidades de fracaso te condicionen o te paralicen.

En los negocios (y también en la vida, en general), son tan importantes las estadísticas, los números, la probabilidades, como saber cuándo debemos seguir nuestra intuición, nuestro instinto. De hecho las estadísticas están para romperlas, mejorarlas, superarlas y cambiarlas.

Muchas de las verdades a las que nos aferramos dependen inmensamente de un punto de vista (Obi-Wan Kenobi)

La flexibilidad y capacidad de adaptarse a los cambios es fundamental  nivel personal, y también cuando hablamos de negocios.

Todos conocemos esa teoría que dice que «no sobrevive le más fuerte, sino que el mejor se adapta al entorno» y, efectivamente, las organizaciones que no llevan la teoría a la práctica, no sobreviven.
Es fundamental la flexibilidad y el tener la mente abierta: Escuchar, conocer, aprender, dar rienda suelta a la curiosidad, investigar… y, por supuesto, conocer, analizar y abrirse a otros puntos de vista.

¿Quién es más bobo? ¿El tonto o el tonto que lo sigue? (Obi-Wan Kenobi)

Podemos interpretar esta frase como un grito por el criterio propio y la autenticidad. Y es justo lo que vamos a hacer.

Nadie nace aprendido y, para crecer, a todos los niveles, necesitamos mentores. Nunca tengas miedo de reconocer lo que no sabes y, pregunta todo aquello que te genera inquietud o dudas.

Pero, sí debemos tener en cuenta que nuestros mentores han de ser elegirnos cuidadosamente. Y que tener un mentor no es sinónimo no necesariamente quiere decir que sigamos al pie de la letra todo lo aprendido, no implica que debamos renunciar a nuestro propio criterio, ni siquiera que no debamos poner en duda aquello que dicen o nos enseñan.

Escucha. Pregunta. Duda. Aprende. Y, sobre todo, busca y potencia tu propia esencia, busca tu crecimiento. Está bien que te inspires en aquellos que consideras referentes, pero labrando tu propio camino, siempre siendo tú mismo. Y recurro de nuevo a una frase quizá algo manida, pero que resume de una manera muy clara lo que quiero decir: «Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados».

 

Al final, Star Wars, es el mundo real llevado a un universo paralelo.  Y en nuestro mundo, también encontramos a individuos con tendencia Shith y a otros con tendencia Jedi… Debemos aceptarlo y aprender a gestionar la convivencia con albas clases de personas.

Ahora, te toca a ti elegir a qué lado quieres pertenecer, si al «lado oscuro» o al «lado luminoso» y…

¡Que la fuerza te acompañe!

 

 

 

Que el año ha pasado casi sin darnos cuenta es un hecho común en la mayoría. Nos sumergimos en nuestras rutinas y, cuando levantamos la vista resulta que ya estamos de nuevo a final del año, pensando en empezar de nuevo a luchar por algunos viejos propósitos y otros totalmente nuevo. Y es que sí, el año nuevo siempre es símbolo de nuevas oportunidades; pero, seamos realistas, no siempre es una garantía de un nuevo comienzo.

Este año, te sugiero hacerte algunas preguntas más allá de cuáles son tus nuevos propósitos. Aviso a navegantes, pueden resultar algo incómodas, pero se tornan necesarias si no queremos caer en los mismos errores que en años pasados. ¿List@?

Pregúntate y respóndete con sinceridad…

  • ¿Cuáles son  mis propósitos de año nuevo?
  • ¿En qué se diferencian de los propósitos de años anteriores?
  • ¿Cuáles son los propósitos que he logrado hasta ahora y cuántos continúan en la lista de espera a ser cumplidos?

Nos desesperes, si aún son muchos los que están en tu lista de propósitos por cumplir, tengo una buena noticia para ti: en este post vamos a dar en la clave para saber por qué y cómo debes plantearlos para poder cumplirlos.

Empecemos, entonces, por el principio…

Por qué no solemos cumplir nuestros propósitos de año nuevo

Existen dos motivos principales que nos impiden alcanzar todo aquello que nos proponemos cada vez que llega un neo año:

1. Nos proponemos retos que no dependen de nosotros

Plantear retos demasiado universales, que más que apelar a nosotros, a nuestra voluntad y capacidad, dependen de que otros tomen conciencia de lo que es importante para nosotros.

2. No tenemos en cuenta cuáles son nuestras capacidades

Por supuesto que cualquier cambio pasa por nosotros mismos. pero si no tenemos en cuenta cuáles son nuestras capacidades y cuál es nuestra realidad, es muy probable que nos fijemos metas irreales.

No quiero decir con esto que debas limitarte ni conformarte con lo que eres; sino que precisas de un buen análisis y una gestión consciente que te permitan elegir e ir fijando los objetivos adecuados en función de tus actitudes y aptitudes.

Consejos para plantear y cumplir propósitos nuevos y alcanzables

Ahora que sabes cuáles son los errores más comunes que impiden que alcancemos nuestros propósitos año tras año, la clave está en plantear este año los propósitos nuevos de la manera correcta:

Analízate. ¿Quién eres realmente?

Es fundamental que sepas quién eres para poder definir tus propósitos. Quién eres y cuáles son realmente tus sueños es la clave para poder decidir tus metas y llevar a cabo las acciones para alcanzarlas. Solo conociéndote muy bien podrás actuar de manera consciente y tener muy claro cuáles son tus verdaderos recursos y cómo manejar las posibilidades y opciones.

Alimenta tu motivación

Sabes perfectamente que sin ilusión y motivación, conseguir tus metas va a ser imposible. Encuentra lo que te mueve y te motiva y encárgate de ponerlo en marcha para que todo fluya… La motivación será tu motor.
Un consejo: fíjate objetivos pequeños que, al alcanzarlos, te hagan sentir satisfecho/a, de manera que alimenten tu motivación de conseguir un poquito más.

Fija objetivos claros, específicos y evaluables

Para cumplir tus propósitos, debes evitar a toda costa eso de irte por las ramas. Debes ser muy claro/a y muy conciso/a con tus objetivos. Y es que uno de los motivos por los que muchas veces nos sentimos perdidos y no logramos lo que queremos es, precisamente, por falta de precisión y no saber por dónde empezar.

Tienes que ir al grano. Tienes que saber cuáles son las acciones concretas que debes llevar a cabo para ver resultados.

Es simple, solo si eres capaz de evaluar los resultados y así ser consciente de lo que vas logrando a medida que avanzas en el camino, tomarás la conciencia necesaria que te conducirá a la satisfacción y el bienestar contigo mismo/a. Y, de paso, evitas el autosabotaje.

Ponle plazo a tus metas

Especialmente a principios de año, es muy fácil relajarnos al pensar que tenemos doce largos meses para conseguir aquello que hemos decidido alcanzar.

Esos plazos tan largos no ayudan avanzar hacia la meta; y muchas veces incluso fomentan que te disperses y te alejes de tu plan de acción.

Este nuevo año debes ser más resolutivo/a y más realista. Para conseguirlo, te sugiero poner plazos a cada pequeño plan de acción que emprendas.
Siempre aplicando el sentido común, si en algún momento ese plazo no se cumple, ni se acaba el mundo ni es excusa para desistir de tus objetivos. Simplemente, programa otra fecha y trabaja para alcanzarla.

De esta manera podrás hacer una evaluación continua, saber el punto en el que te encuentras, el camino que falta por recorrer y motivarte al ver la parte del camino que ya has recorrido.

Busca apoyo

Si bien lograr todos tus propósitos de año nuevo dependen de ti, debes tener en cuenta que no vives aislado/a del resto del mundo. Tienes un montón de gente alrededor y fomentar relaciones afectivas y positivas son un pieza importante en el puzzle que estás componiendo… esas relaciones allanan el camino, lo hacen más fácil y también más bonito.

Apóyate en las personas que te rodean. Y, de la misma forma, sé su apoyo en sus propósitos. No hay nada más satisfactorio.

 

Deseo que este artículo te sea de gran ayuda, que te sirva de inspiración para comenzar un nuevo año cargado de retos e ilusión y que te sirva de guía para poner en marcha un plan de acción y encontrar la motivación necesaria para trabajar por lo que quieres de manera consciente y efectiva. 
Deseo que esta sea una muy Feliz Navidad y que de verdad el nuevo año sea muy próspero para ti. 

 

miedo

La vida de —casi— todo profesional está íntimamente ligada a competencias, logros y metas que alcanzar. Pero cuando las cosas no marchan como nos gustaría y las competencias se pueden convertir en derrotas o errores y los logros en obstáculos a los que no encontramos la manera como afrontar; entonces los temores se convierten en un habitual del día a día.

Situaciones de continuo estrés y tensión, lidiar con una competencia cada vez mayor y más fuerte en el ámbito laboral, superar las expectativas propias y depositadas en nosotros por nuestros superiores… y así, podría seguir con un largo etcétera. Pero mejor adentrémonos ya en el kid de la cuestión, porque hoy quiero hablarte, precisamente de esos miedos, frecuentes y más comunes de lo que imaginas en cualquier profesional.

Los miedos más habituales en un profesional

Miedo al jefe

Empiezo por todo un clásico: el miedo al jefe.

No pienses que eres el/la único/a que tiene miedo a su jefe, ¡para nada!

Podríamos hablar de la diferencia entre jefe y líder, ya que tiene cabida, pero lo dejaré para otro artículo, mejor, porque si no este post se hará eterno.

Lo que sí es un hecho es que cualquier jefe o superior debería ser un guía para el cumplimiento de metas, un facilitador siempre dispuesto a ayudar en el desarrollo de las estrategias que permitan alcanzar los resultados que se persiguen.
Cuando esto no ocurre, el jefe, en lugar de un facilitador puede ser quien esté frenando tu desarrollo y ralentizando el alcance de las metas del equipo o la compañía.

Este miedo, por lo general, no es un miedo a una confrontación, sino a no saber cómo aportar lo necesario.

Si te encuentras en una situación de este tipo, debes saber, ser consciente y tener siempre presente que tu mejor arma para vencer este miedo es la comunicación.

Evita siempre cualquier enfrentamiento o situación que pueda generar tensión. Y, por el contrario, emplea la comunicación como una herramienta para crear un diálogo abierto y profesional con tu superior.

Entiendo que puede ser algo complicado en un principio, pero mantén la calma y ten paciencia. Comienza a generar ese diálogo comentando ideas, ofreciendo argumentos que muestren los beneficios de la solución que has propuesto para el equipo o para la empresa, etc. En un principio puede ser más difícil, pero te aseguro que con el tiempo, irá fluyendo todo y te sentirás cada vez más cómodo/a.

Aún así, puede que tengas un jefe algo más complicado y ni siquiera se le de bien escuchar. También serás capaz de lidiar con él/ella, te lo aseguro. Ante este perfil, haz propuestas firmes, a ser posibles, avaladas por estudios o análisis que sustenten esas propuestas. Esta iniciativa no solo te ayudará a hacerle ver tu valor, sino a ser más eficiente en el trabajo y, estoy seguro, que a romper las barreras que pone ese miedo que sientes.

Miedo a no alcanzar los resultados

Es tan frecuente encontrar este miedo en los profesionales… Sobre todo y de manera más pronunciada en aquellos que se inician en el mundo laboral o que han cambiado de trabajo.

En estos casos es importante recordar dónde estás, lo que has superado para llegar hasta aquí y por qué lo estás haciendo… Poco a poco, con esfuerzo y dedicación, los resultados irán llegando.
Esto, obviamente, resulta más fácil cuando lo que hacemos es lo que realmente queremos hacer, cuando nuestro trabajo es también nuestra pasión. Se complica, sin embargo, cuando solo estamos en ese lugar para trabajar.

Mi consejo es que busques tu propia motivación. Encontrarte bien, contento/a y feliz con lo que haces en el trabajo, es clave.
Analiza todas tus responsabilidades y tareas en el puesto que estás desempeñando y busca lo que te atrae, lo que más te gusta… Es ahí donde tienes que buscar esa motivación y utilizarlo como punto de partida para demostrar tu valía y tu competitividad. Iniciando este camino encontrarás la forma de sentirte cada vez más cómodo/a y eso te ayudará a vencer ese miedo a no alcanzar los resultados.

Y no me digas que nada te gusta de tu trabajo. Siempre hay algo que nos atrae, que se nos da bien, para lo que tenemos facilidad, etc. Fuera excusas… ¡Busca lo que te mueve!

Miedo al cambio

Este es un habitual en cualquier aspecto de nuestra vida. Y es que, cuando el cambio está en el camino, el miedo puede hacer mucho daño, en cualquier ámbito. Sin embargo, cuando hablamos del ámbito profesional, cada vez más, los cambios son una constante y es fundamental ser conscientes y estar preparados para ello.

Ante una situación cada vez más cambiante, es realmente importante que los profesionales sean conscientes y estén totalmente convencidos de que tras cualquier conflicto o problema se puede rescatar una oportunidad de cambio positiva.

Si es este tu caso, te sugiero que mires con calma dentro de ti y te tomes el tiempo para analizar la situación y decidir si realmente este miedo tiene razón de ser. Si no está fundamentado, entonces, evita tener pensamientos al respecto en tu mente que te generen estrés.

En infinitas ocasiones he dicho y escrito que tener miedo a algo nuevo y desconocido es natural. Y me reitero. Pero debes saber y tener presente que ese miedo no solo no te ayudará a superar los obstáculos que pueda traer consigo lo nuevo, sino más bien todo lo contrario. Trabajar tu inteligencia emocional es la clave para superar todos esos cambios con éxito.

Y tú, ¿tienes o has tenido algún miedo?, ¿cómo lo has superado?

mal jefe¡Qué gran pregunta para comenzar un buen debate… ¿no crees?
Si te pregunto, ¿qué aprendiste de tu peor jefe?, así, a voz de pronto, ¿qué dirías?, ¿cuál es la lección más valiosa que rescatarías de esa complicada situación vivida?

Es posible que la respuesta común a esta pregunta sea «aprendí lo que un jefe nunca debe hacer«. Y probablemente sea una respuesta cargada de razón. Sin embargo, me gustaría ir un poco más lejos, porque estoy seguro que todos los que han tenido un mal jefe en alguna ocasión cuentan con otras lecciones aprendidas. ¡Y qué lecciones tan valiosas!

Me refiero a que todos los que han pasado por una situación laboral así han podido comprobar hasta dónde pueden llegar las conductas humanas y hasta qué puntos pueden ser condicionadas. Dicho de otra manera, un mal jefe puede convertir a un empleado en un mal trabajador, incluso en un mal compañero o un mal jefe.

El poder de influencia es muy grande, pero siempre hay alternativas. Por un lado se encuentra la opción de dejarse arrastrar por la corriente. Por otro lado, negarse y nadar contracorriente, lo que en muchos casos lleva a situaciones  de desdicha en el trabajo.

Por lo general, un mal jefe esconde una persona insegura. Y el motivo de su complicada conducta se debe a una coraza con la que pretenden que nadie sea capaz de advertir sus debilidades. No saben encajar un derrota (o lo que consideran una derrota) y no tienen demasiado reparo de pasar sobre cualquier norma para alcanzar su fin, se les reconoce también por ser auténticos estrategas organizacionales…

La tendencia de este perfil de jefe es la de llevar a sus colaboradores a trabajar en situaciones límite… Y si caes en la desdicha de un jefe así, es probable que no repare demasiado en cómo te puedes sentir en el trabajo. Al contrario. Ante esto, no es difícil entender que tu autoestima se mantenga constantemente bajo mínimos.

Pero, empecemos por el principio:

5 indicadores de que tienes el peor jefe

Siempre tiene la razón. Equivocarse no es una posibilidad

Uno de los indicadores o una de las características habituales de este tipo de jefes es que no admiten sus errores. Como consecuencia, cuando se da un error, hace responsable a otros de sus meteduras de pata.

Y una de las lecciones que debemos rescatar de esta característica es que equivocarse es negativo, ¿no?

¡Pues NO! Déjame decirte que esta creencia sí que es un error garrafal. Si no te das la oportunidad de equivocarte, te estás negando la oportunidad de aprender. Si no te arriesgas, te estás negando la posibilidad de evolucionar. Si en lugar de hacer frente al error y asumirlo, lo escondes, te estás condenando a la mediocridad.

Promete y promete… pero no cumple

Las promesas suelen ser un recurso habitual en un mal jefe. Promesas que no cumple y por las que no da explicaciones… Él puedes hacerlo, porque es el jefe, ¿no?

¡Pues NO! Hacer promesas a sabiendas de que no se van a cumplir solo permite crear falsas expectativas en su equipo. Y como consecuencia, fomentar la frustración y el malestar de sus colaboradores generando un mal ambiente de trabajo.

Cambia de idea constantemente

«Donde dije digo, digo Diego», dice el refrán. Y de alguna manera resume una de las costumbres de un mal jefe. Si el tuyo por la mañana dice una cosa y por la tarde ya lo ha olvidado o ha cambiado de idea y lo que quería blanco ahora lo quiere negro. No hay duda, tienes el peor jefe que podrías tener.
Pero, qué más da, él es el jefe… ¿no?

¡Pues NO! O sí. Pero lo cierto es que esa actitud cambiante solo sirve para generar retrasos, estrés y malestar en los empleados y en el equipo de trabajo. De esta forma aleja a sus colaboradores de un sentimiento de compromiso con la empresa y/o el proyecto en el que trabajan.

¿Qué hacer ante un mal jefe?

Por muy estable que seas a nivel emocional o por mucha motivación que tengas, una situación así acabará haciendo mella en ti. Eso es innegable.

Pero, entonces, ¿la única opción es aguantar cualquier presión solo porque él/ella es el/la jefe/jefa?
Mi consejo es que no, porque con toda probabilidad, más temprano que tarde notarás las consecuencias a nivel emocional de soportar una presión tan grande durante cada día.

¡Ojo! No quiero decir con esto que debas necesariamente tomar decisiones drásticas, como dejar tu trabajo.
Y es que, renunciar al trabajo no es una cuestión sencilla, sobre todo cuando tenemos necesidades económicas. Pero siempre habrá algo que puedes hacer…

Consejos para lidiar con tu peor jefe y conservar el trabajo

Positividad

Una actitud negativa o a la defensiva no va a mejorar una situación complicada y tensa. Así que, abre tu mente y vístete cada mañana con un traje de positividad. Y reconocer tus fallos o limitaciones hará que no te pueda guardar recelo.

Acepta tus responsabilidades

Si existe alguna razón por la que tenga una actitud tensa contigo, admite tu responsabilidad en la cuestión y haz los cambios necesarios para resolver esas tiranteces.

Keep calm

Cuando hablamos de mal jefe la mejor virtud de un empleado es la de ser capaz de mantener la calma. Si la calma te permite expresarte de forma clara y sensata en cualquier situación y jamás recurrir al ataque (incluso aunque él/ella sí lo haga).

Analízalo y conócelo bien

Cuanto más sepas de él, más posibilidades tendrás de reconducir la situación. Analízalo al detalle, conoce sus rutinas, sus hábitos, descubre cuáles son las conductas que le gustan y sus puntos vulnerables. Podrás de esa forma actuar en consecuencia.

No le ignores

Es tentador cuando nos enfrentamos a una situación límite con nuestro jefe, no lo voy a negar, pero no es una buena decisión.
Ignorarle solo empeorará la situación y creará más problemas de los que puedas evitar.
De hecho mi consejo es justo el contrario, hazle partícipe y muestra abiertamente tu interés e implicación.

Enfócate

Lo cierto es que estar continuamente quejándonos nos ayuda a solventar ningún problema. Así que deja de lamentarte y en lugar de ello pon el foco y toda tu energía en ser lo más efectivo posible en el trabajo que has elegido y decidido tener.

Estas pequeñas acciones te pueden ayudar a reconducir la situación y mejorar el clima en el trabajo si es lo que deseas.
O puede que te encuentres en un punto de no retorno, que lo hayas meditado, lo consideres necesario y estés en disposición de tomar decisiones más drásticas… Por eso, mientras, mantén siempre los ojos bien abiertos a nuevas oportunidades.

Ante un jefe así, el principal aprendizaje que debes sacar, procesar y analizar es hasta qué punto un jefe puede ser mal jefe y hasta qué punto debe llegar un colaborador a sentirse mal por ello. Y luego, coger las riendas con  fuerza y decidir lo que quieres hacer con tu vida.

Pregúntate qué quieres realmente en tu vida, hacia dónde quieres ir, a qué estás dispuesto/a y si te aporta algo positivo tener a una persona con esas características cerca. Una vez que des una respuesta convincente a todas esas dudas, llénate de valor y busca las motivaciones necesarias que te empujen a conseguir lo que realmente quieres.

En el trabajo, y en la vida en general, debemos hacer como en la fotografía, tratar de pasar todos los negativos a positivos. En lugar de ver a ese jefe complicado como una piedra en el camino o un obstáculo, míralo como una herramienta de aprendizaje, como una oportunidad para crecer tanto a nivel personal como profesional.

Por experiencia te puedo asegurar que la vida profesional es muy amplia. No tienes que aferrarte a una sola opción o idea… Trata, siempre, de buscar soluciones a tus problemas. Y, sobre todo, no dejes que te afecten emocionalmente.