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mal jefe¡Qué gran pregunta para comenzar un buen debate… ¿no crees?
Si te pregunto, ¿qué aprendiste de tu peor jefe?, así, a voz de pronto, ¿qué dirías?, ¿cuál es la lección más valiosa que rescatarías de esa complicada situación vivida?

Es posible que la respuesta común a esta pregunta sea “aprendí lo que un jefe nunca debe hacer“. Y probablemente sea una respuesta cargada de razón. Sin embargo, me gustaría ir un poco más lejos, porque estoy seguro que todos los que han tenido un mal jefe en alguna ocasión cuentan con otras lecciones aprendidas. ¡Y qué lecciones tan valiosas!

Me refiero a que todos los que han pasado por una situación laboral así han podido comprobar hasta dónde pueden llegar las conductas humanas y hasta qué puntos pueden ser condicionadas. Dicho de otra manera, un mal jefe puede convertir a un empleado en un mal trabajador, incluso en un mal compañero o un mal jefe.

El poder de influencia es muy grande, pero siempre hay alternativas. Por un lado se encuentra la opción de dejarse arrastrar por la corriente. Por otro lado, negarse y nadar contracorriente, lo que en muchos casos lleva a situaciones  de desdicha en el trabajo.

Por lo general, un mal jefe esconde una persona insegura. Y el motivo de su complicada conducta se debe a una coraza con la que pretenden que nadie sea capaz de advertir sus debilidades. No saben encajar un derrota (o lo que consideran una derrota) y no tienen demasiado reparo de pasar sobre cualquier norma para alcanzar su fin, se les reconoce también por ser auténticos estrategas organizacionales…

La tendencia de este perfil de jefe es la de llevar a sus colaboradores a trabajar en situaciones límite… Y si caes en la desdicha de un jefe así, es probable que no repare demasiado en cómo te puedes sentir en el trabajo. Al contrario. Ante esto, no es difícil entender que tu autoestima se mantenga constantemente bajo mínimos.

Pero, empecemos por el principio:

5 indicadores de que tienes el peor jefe

Siempre tiene la razón. Equivocarse no es una posibilidad

Uno de los indicadores o una de las características habituales de este tipo de jefes es que no admiten sus errores. Como consecuencia, cuando se da un error, hace responsable a otros de sus meteduras de pata.

Y una de las lecciones que debemos rescatar de esta característica es que equivocarse es negativo, ¿no?

¡Pues NO! Déjame decirte que esta creencia sí que es un error garrafal. Si no te das la oportunidad de equivocarte, te estás negando la oportunidad de aprender. Si no te arriesgas, te estás negando la posibilidad de evolucionar. Si en lugar de hacer frente al error y asumirlo, lo escondes, te estás condenando a la mediocridad.

Promete y promete… pero no cumple

Las promesas suelen ser un recurso habitual en un mal jefe. Promesas que no cumple y por las que no da explicaciones… Él puedes hacerlo, porque es el jefe, ¿no?

¡Pues NO! Hacer promesas a sabiendas de que no se van a cumplir solo permite crear falsas expectativas en su equipo. Y como consecuencia, fomentar la frustración y el malestar de sus colaboradores generando un mal ambiente de trabajo.

Cambia de idea constantemente

“Donde dije digo, digo Diego”, dice el refrán. Y de alguna manera resume una de las costumbres de un mal jefe. Si el tuyo por la mañana dice una cosa y por la tarde ya lo ha olvidado o ha cambiado de idea y lo que quería blanco ahora lo quiere negro. No hay duda, tienes el peor jefe que podrías tener.
Pero, qué más da, él es el jefe… ¿no?

¡Pues NO! O sí. Pero lo cierto es que esa actitud cambiante solo sirve para generar retrasos, estrés y malestar en los empleados y en el equipo de trabajo. De esta forma aleja a sus colaboradores de un sentimiento de compromiso con la empresa y/o el proyecto en el que trabajan.

¿Qué hacer ante un mal jefe?

Por muy estable que seas a nivel emocional o por mucha motivación que tengas, una situación así acabará haciendo mella en ti. Eso es innegable.

Pero, entonces, ¿la única opción es aguantar cualquier presión solo porque él/ella es el/la jefe/jefa?
Mi consejo es que no, porque con toda probabilidad, más temprano que tarde notarás las consecuencias a nivel emocional de soportar una presión tan grande durante cada día.

¡Ojo! No quiero decir con esto que debas necesariamente tomar decisiones drásticas, como dejar tu trabajo.
Y es que, renunciar al trabajo no es una cuestión sencilla, sobre todo cuando tenemos necesidades económicas. Pero siempre habrá algo que puedes hacer…

Consejos para lidiar con tu peor jefe y conservar el trabajo

Positividad

Una actitud negativa o a la defensiva no va a mejorar una situación complicada y tensa. Así que, abre tu mente y vístete cada mañana con un traje de positividad. Y reconocer tus fallos o limitaciones hará que no te pueda guardar recelo.

Acepta tus responsabilidades

Si existe alguna razón por la que tenga una actitud tensa contigo, admite tu responsabilidad en la cuestión y haz los cambios necesarios para resolver esas tiranteces.

Keep calm

Cuando hablamos de mal jefe la mejor virtud de un empleado es la de ser capaz de mantener la calma. Si la calma te permite expresarte de forma clara y sensata en cualquier situación y jamás recurrir al ataque (incluso aunque él/ella sí lo haga).

Analízalo y conócelo bien

Cuanto más sepas de él, más posibilidades tendrás de reconducir la situación. Analízalo al detalle, conoce sus rutinas, sus hábitos, descubre cuáles son las conductas que le gustan y sus puntos vulnerables. Podrás de esa forma actuar en consecuencia.

No le ignores

Es tentador cuando nos enfrentamos a una situación límite con nuestro jefe, no lo voy a negar, pero no es una buena decisión.
Ignorarle solo empeorará la situación y creará más problemas de los que puedas evitar.
De hecho mi consejo es justo el contrario, hazle partícipe y muestra abiertamente tu interés e implicación.

Enfócate

Lo cierto es que estar continuamente quejándonos nos ayuda a solventar ningún problema. Así que deja de lamentarte y en lugar de ello pon el foco y toda tu energía en ser lo más efectivo posible en el trabajo que has elegido y decidido tener.

Estas pequeñas acciones te pueden ayudar a reconducir la situación y mejorar el clima en el trabajo si es lo que deseas.
O puede que te encuentres en un punto de no retorno, que lo hayas meditado, lo consideres necesario y estés en disposición de tomar decisiones más drásticas… Por eso, mientras, mantén siempre los ojos bien abiertos a nuevas oportunidades.

Ante un jefe así, el principal aprendizaje que debes sacar, procesar y analizar es hasta qué punto un jefe puede ser mal jefe y hasta qué punto debe llegar un colaborador a sentirse mal por ello. Y luego, coger las riendas con  fuerza y decidir lo que quieres hacer con tu vida.

Pregúntate qué quieres realmente en tu vida, hacia dónde quieres ir, a qué estás dispuesto/a y si te aporta algo positivo tener a una persona con esas características cerca. Una vez que des una respuesta convincente a todas esas dudas, llénate de valor y busca las motivaciones necesarias que te empujen a conseguir lo que realmente quieres.

En el trabajo, y en la vida en general, debemos hacer como en la fotografía, tratar de pasar todos los negativos a positivos. En lugar de ver a ese jefe complicado como una piedra en el camino o un obstáculo, míralo como una herramienta de aprendizaje, como una oportunidad para crecer tanto a nivel personal como profesional.

Por experiencia te puedo asegurar que la vida profesional es muy amplia. No tienes que aferrarte a una sola opción o idea… Trata, siempre, de buscar soluciones a tus problemas. Y, sobre todo, no dejes que te afecten emocionalmente.