Si hay algo que escucho con frecuencia en mis sesiones de coaching es esta frase: «José Ramón, paso el día metido en reuniones y no avanzo en nada importante». No es una exageración. En muchas empresas, especialmente en España, la cultura de la reunión interminable se ha convertido en una norma no escrita. Y lo peor es que no nos damos cuenta del coste que esto tiene, no solo en términos de productividad, sino también en desgaste emocional y toma de decisiones.

El mito de la reunión como productividad
Durante años, las reuniones han sido vistas como símbolo de trabajo en equipo, liderazgo y dinamismo. Reunirse era estar “haciendo cosas”. Pero los datos dicen otra cosa. Según un estudio de Adecco, el 88% de las empresas en España afirma haber incrementado el número de reuniones internas, percibiéndolas como menos provechosas. Una forma elegante de decir que nos pasamos el día hablando… sin avanzar.
Reuniones efectivas: No pierdas el tiempo
Más preocupante aún: otro estudio de Harvard Business Review mostró que el 70% de los empleados mejora su productividad cuando se reducen un 40% las reuniones. ¿La clave? Liberar tiempo para el trabajo profundo, el que realmente mueve los resultados.
¿Por qué seguimos haciendo reuniones inútiles?
La respuesta no es sencilla, pero hay varios factores:
- Falta de cultura de preparación. Se convoca sin orden del día, sin objetivos claros ni roles definidos.
- Convocatorias masivas. Cuantos más, mejor, como si la cantidad asegurara consenso. En realidad, ocurre lo contrario.
- Coste invisible. Muy pocas organizaciones calculan cuánto cuesta una hora de reunión con cinco, diez o quince personas.
Como decía Agustín Peralt, experto en productividad, “el mayor despilfarro humano de una empresa son las reuniones mal gestionadas”.
La experiencia directa: la mitad del tiempo reunidos
En algunos procesos de coaching he visto cómo directivos pasan entre el 40% y el 60% de su jornada en reuniones, muchas de ellas prescindibles. Una clienta me decía: “cuanta más gente hay en una reunión, más se tiende al debate y menos se resuelve”. Y es cierto. La reunión deja de ser herramienta de decisión para convertirse en tertulia sin rumbo.
Herramientas digitales que te ayudarán a tener éxito en las reuniones de trabajo
Otra directiva me confesaba que solo cuando ella misma convoca y estructura los temas, consigue resultados. Cuando no lo hace, simplemente asiste “por cortesía”, perdiendo horas sin un retorno real.
¿Te suena?
Claves para cortar con las reuniones ineficientes
Los directivos más eficaces del mundo no tienen una fórmula mágica, pero sí aplican con rigor algunas prácticas clave. Vamos a verlas.
1. Menos es más: la regla de las dos pizzas
Esta norma, popularizada por Jeff Bezos, es tan simple como poderosa:
“Si dos pizzas no bastan para alimentar a todos los asistentes, hay demasiada gente en la reunión.”
El objetivo es claro: reducir el número de participantes a los estrictamente necesarios. No se trata de excluir, sino de centrar. Las reuniones con menos personas son más dinámicas, permiten mayor participación real y favorecen decisiones ágiles.
2. Siempre con propósito y tiempo limitado
Toda reunión debe tener un propósito concreto, un tiempo acotado y un resultado esperado. Si no se cumple alguna de estas tres condiciones, es mejor no hacerla.
Algunos directivos están aplicando técnicas sencillas pero efectivas: reuniones de 15 minutos para seguimiento, de 30 para revisión semanal y nunca más de 45 para decisiones estratégicas. Un responsable de gestión del cambio explicaba en LinkedIn cómo al reducir 15 minutos cada reunión ganaba una hora diaria de tiempo real para trabajar en lo importante.
3. No más PowerPoints: el valor del memo
Otra regla de Bezos que merece atención: en lugar de empezar las reuniones con presentaciones, los asistentes reciben un memo estructurado que deben leer en silencio durante los primeros 30 minutos.
Esto evita improvisaciones, asegura que todos estén al día y fomenta una discusión de calidad. En un mundo donde todos vamos corriendo, esta pausa para leer y reflexionar cambia radicalmente el tono de la reunión.
4. El moderador importa más de lo que crees
Una reunión sin un buen moderador es como un barco sin timón. Es necesario alguien que oriente la conversación, evite desviaciones y cierre con acuerdos claros y responsables asignados. Esta figura no tiene que ser siempre el jefe. Puede rotarse, o incluso externalizarse, pero debe estar.
5. Escuchar primero, hablar después
Una de las claves que más me ha sorprendido de los líderes de alto nivel es esta: el líder habla el último. Así evita condicionar al equipo y permite que emerjan ideas más auténticas. La innovación nace muchas veces de las voces menos jerárquicas, pero para eso hay que crear espacio.
Lo que puedes hacer desde hoy
Revisa tu agenda semanal y elimina al menos una reunión innecesaria.- Propón un cambio de formato: prueba con memos, listas de tareas compartidas o seguimientos por e-mail.
- Limita las reuniones a 45 minutos. No pasa nada si terminan antes.
- Convoca solo a quienes realmente deben aportar.
- Asegúrate de que toda reunión termine con decisiones claras y responsables asignados.
Cambiar la cultura de las reuniones no es una batalla contra el tiempo, sino a favor de la calidad. Y empieza por ti.


He acompañado a directivos que, al prepararse para entrevistas clave, me confesaban: “si cuento este error, parecerá que no soy competente”. Y yo siempre les digo lo mismo: reconocer un fallo no te hace débil, te hace creíble. Lo que verdaderamente marca la diferencia es cómo lo gestionaste y qué hiciste después para que no volviera a ocurrir.
Otro punto crítico es cómo hablas de tus experiencias laborales anteriores. Este aspecto, que muchos pasan por alto, es una de las claves que más valora un reclutador experimentado. Hablar mal de un jefe, de un equipo o de la empresa en general transmite una señal inequívoca: falta de autocrítica.
Uno pensaría que llegar muy temprano a una entrevista es sinónimo de responsabilidad. Y sí, en parte lo es. Pero exagerar también puede ser contraproducente. Llegar 30 minutos antes puede generar incomodidad y denotar ansiedad. Lo más recomendable es estar en el lugar entre 10 y 15 minutos antes. Ni más, ni menos.
En un entorno donde las entrevistas se hacen tanto presencialmente como por videollamada, cuidar los detalles de tu presentación es más relevante que nunca. No se trata de llevar ropa de marca, sino de transmitir profesionalismo: una camisa limpia, fondo neutro si estás en remoto, y eliminar distracciones como chicles, gafas de sol o colonias invasivas.
Una de las señales más graves en una entrevista es revelar información sensible sobre empleos anteriores. Muchas veces sucede sin mala intención: se quiere mostrar experiencia o justificar decisiones pasadas. Pero los límites se cruzan con facilidad.
Hace unos años, la idea de hacer una entrevista de trabajo con un chatbot sonaba a ciencia ficción. Hoy, es una práctica común en empresas que han adoptado soluciones de video recruitment. Algunas, como Leroy Merlin o Crédit Agricole, piden a los candidatos que graben sus respuestas ante la cámara. Un software analiza las palabras, el tono y hasta las expresiones faciales.
Los beneficios no se limitan a la eficiencia. Gracias al uso de algoritmos avanzados, algunas consultoras como Randstad ya están analizando decenas de miles de currículos al día. Pero no se quedan solo en las competencias técnicas. También se miden indicadores no verbales, como el estrés, la ansiedad o el nivel de atención durante una entrevista en vídeo.
Aquí es donde el entusiasmo tecnológico debe encontrar su equilibrio. Porque por más eficiente que sea una IA, hay elementos que no puede captar: la calidez de una mirada, la autenticidad de una emoción o la pasión con la que una persona habla de su experiencia.
En el fondo, la clave no está en elegir entre humanos o máquinas, sino en diseñar procesos donde ambos aporten lo mejor de sí. La IA puede encargarse de lo repetitivo, de cribar miles de perfiles, de sugerir candidaturas. Pero la decisión final debe seguir siendo humana, apoyada en la experiencia, la empatía y la capacidad de evaluar la compatibilidad entre personas y culturas corporativas.
El mensaje es claro: la inteligencia artificial no viene a sustituirnos, sino a potenciarnos. Para los equipos de recursos humanos, el reto está en integrar esta tecnología sin perder la humanidad que debe caracterizar todo proceso de selección.
En mi experiencia acompañando a directivos, he notado cómo la mentalidad sobre la tecnología ha evolucionado de manera notable. Hoy, más del 89% de los líderes empresariales en España reconocen el potencial de la inteligencia artificial. Esta cifra no solo habla de apertura al cambio, sino también de la voluntad de anticiparse a los nuevos tiempos.
Lo que observo en muchas organizaciones es que ya no se trata de discutir sobre si implementar la IA, sino de cuándo y cómo hacerlo. En numerosas sesiones de coaching con equipos directivos, veo cómo se están estableciendo hojas de ruta claras para integrar agentes de IA en los próximos meses.
A lo largo de mi trayectoria, he podido trabajar con empresas de sectores diversos, y no me sorprende que marketing y finanzas sean dos de los ámbitos donde la adopción de IA está resultando más visible.
Ahora bien, sería ingenuo pensar que la integración de la IA es un camino exento de obstáculos. En mi opinión, el principal desafío es el de la privacidad y la protección de los datos. Muchas veces, en conversaciones estratégicas, surge la preocupación sobre cómo garantizar un uso ético y legal de la información que manejamos.
Desde mi perspectiva, no hay vuelta atrás. La IA no es una moda pasajera, sino una de las herramientas más poderosas para impulsar la transformación digital. En pocos años, será tan natural en nuestras organizaciones como hoy lo son los smartphones o las plataformas en la nube.
He trabajado con muchos líderes a lo largo de los años y he visto que los más inclusivos comparten ciertos rasgos clave:
Porque las empresas no pueden permitirse ignorar la riqueza de la diferencia. Según McKinsey & Company, las compañías con mayor diversidad en sus equipos directivos tienen un 25% más de probabilidades de obtener una rentabilidad superior a la media. Y no solo se trata de números. También mejora:
Si lideras un equipo o formas parte de una organización, estos pasos te pueden ayudar:
Algunas empresas, como Google o Salesforce, han integrado programas específicos de formación en sesgos, auditorías salariales o comités de diversidad. Pero no hace falta ser una multinacional para empezar. Muchas pymes están creando entornos inclusivos con pequeños gestos: desde revisar cómo se redactan sus ofertas de empleo hasta adaptar horarios para conciliación o celebrar fiestas culturales diversas.
Liderar desde la inclusión no solo cambia tu equipo. Te cambia a ti. Porque te obliga a salir de tu zona de confort, a hacerte preguntas incómodas y a evolucionar como persona y como profesional.
on tan relevantes?
A menudo me preguntan: «José Ramón, ¿no basta con la experiencia para seguir liderando?» Mi respuesta es siempre la misma: la experiencia es un activo valioso, pero solo si se complementa con la capacidad de aprendizaje.
Si algo me ha quedado claro en estos años, es que los directivos que mejor se adaptan no son los que más conocimientos tienen, sino los que saben aprender de manera estratégica. Para ello, recomiendo algunos pasos clave:
Cada vez que hablo con directivos sobre estos temas, me doy cuenta de que la resistencia al cambio suele venir del miedo. Miedo a no estar a la altura, miedo a no entender las nuevas herramientas, miedo a parecer «anticuados». Sin embargo, en mi experiencia, los mejores líderes no son los que lo saben todo, sino los que tienen la humildad de seguir aprendiendo.
Tu mañana establece el tono para el resto del día. He visto cómo muchos de mis clientes empiezan sus días con caos, revisando correos electrónicos de inmediato o preocupándose por reuniones antes de siquiera haberse tomado un momento para respirar. Este enfoque genera estrés y limita su capacidad de tomar decisiones claras más adelante.
Uno de los errores más comunes que he observado en los líderes es no tener claridad sobre lo que realmente quieren lograr. He trabajado con directivos que se sienten abrumados porque no tienen prioridades claras, lo que lleva a un trabajo reactivo en lugar de estratégico.
Expresar gratitud puede parecer algo pequeño, pero tiene un impacto enorme en el ambiente laboral. He presenciado cómo líderes que valoran a sus equipos generan niveles de compromiso y lealtad mucho mayores que aquellos que pasan por alto los logros de los demás.
El liderazgo es dinámico, y aquellos que no se adaptan a los cambios se quedan atrás. Uno de los consejos más repetidos que doy a mis clientes es que nunca dejen de aprender. Esto no significa simplemente asistir a cursos, sino estar siempre atentos a lo que sucede en su sector, buscar mentorías y estar abiertos a nuevas ideas.
El tiempo es un recurso limitado, y usarlo de manera efectiva es crucial. He visto cómo algunos directivos se pierden en tareas que no añaden valor, lo que termina afectando su desempeño y agotando su energía.
La Generación Z es la primera en crecer completamente inmersa en la tecnología digital. Acostumbrados a un mundo interconectado, estos jóvenes utilizan una media de cinco dispositivos al día y prefieren la comunicación visual sobre la textual. Pero lo que realmente los distingue son los valores que llevan consigo al lugar de trabajo.
Uno de los aspectos más disruptivos introducidos por esta generación es la flexibilidad. Más allá del teletrabajo, buscan gestionar su tiempo y actividades con autonomía, sin las rígidas estructuras jerárquicas de las empresas tradicionales.
El concepto de liderazgo también está cambiando con esta generación. Muchos jóvenes se muestran reticentes a asumir roles gerenciales tradicionales y prefieren centrarse en trayectorias individuales que valoren sus habilidades específicas.
Para captar y fidelizar a estos jóvenes talentos, las empresas necesitan adaptar sus prácticas y prioridades. Aquí algunas estrategias clave:
La sostenibilidad ocupa un lugar central en las prioridades de la Generación Z, aunque con ciertas contradicciones. Si bien valoran estas prácticas, muchos jóvenes consideran que el cambio debe ser liderado por empresas y gobiernos más que por acciones individuales.
La retribución flexible es un sistema de compensación que permite a los empleados personalizar una parte de su salario. En lugar de recibir el 100 % de la nómina en efectivo, los trabajadores pueden destinar un porcentaje de su salario bruto a productos o servicios específicos que les aportan beneficios fiscales y económicos. Estos pueden incluir seguros médicos, cheques restaurante, planes de pensiones o ayudas para transporte.
Desde el punto de vista del empleado, la retribución flexible ofrece varias ventajas claras:
La implementación de un sistema de retribución flexible también trae importantes ventajas para las organizaciones. En mi experiencia, he visto que muchas empresas han utilizado esta estrategia no solo como una herramienta de retención, sino también como un elemento diferenciador en la captación de talento.
Los planes de retribución flexible pueden incluir una amplia variedad de beneficios. Algunos de los más comunes, según lo que he observado en empresas con las que he trabajado, son:
En mi experiencia, implementar un plan de retribución flexible requiere un enfoque estratégico y una buena planificación. Estos son los pasos clave:
Si bien las empresas ya cuentan con diversas figuras que supervisan aspectos tecnológicos y de cumplimiento, como el Chief Information Officer (CIO) o el Chief Data Officer (CDO), la transversalidad de la inteligencia artificial requiere un enfoque distinto. La IA no solo transforma la forma en que operan las compañías, sino que también plantea preguntas complejas sobre ética, gobernanza y eficiencia. De ahí la importancia de contar con un CAIO, alguien que pueda coordinar y liderar todos estos aspectos dentro de la organización.
En los últimos años, hemos visto cómo las empresas que adoptan soluciones de IA mejoran significativamente su eficiencia operativa y su capacidad para innovar. De hecho, según estudios recientes, más del 70% de las empresas en Estados Unidos ya están implementando modelos de IA en alguna área de su negocio. Este cambio no es solo una moda pasajera, sino una tendencia que va en aumento y que pronto será un estándar en la mayoría de las organizaciones.
La ética en el uso de la inteligencia artificial se ha convertido en un tema central, especialmente en Europa, donde el nuevo Reglamento de Inteligencia Artificial establece pautas para garantizar que las empresas adopten un enfoque responsable. Aunque este reglamento no obliga a las empresas a designar un CAIO, es evidente que contar con una figura que supervise estos aspectos puede marcar una gran diferencia.