septiembre
Septiembre es nuestro mes preferido para echar la vista atrás y hacer una revisión a nuestra lista de propósitos. Es momento de ponerlos al día…
Si quieres conseguir alcanzar todos tus retos, te propongo que a partir de este mes de septiembre tan característico en este sentido, no hagas propósitos, sino que adquieras compromisos.
Con nuestras palabras, y lo que decimos, aunque la mayor parte de las veces no somos conscientes, construimos nuestro futuro; y con nuestras palabras y con nuestros actos. Es por ello que no es lo mismo hablar de propósitos que hablar de compromisos.
Al hablar de propósitos somos más permisivos con nosotros mismos. Lo intentamos, pero si no lo conseguimos o nos surge cualquier otra cosa, nos damos permiso de abandonar antes de llegar a la meta.
 No ocurre lo mismo cuando nos comprometemos a hacer algo. En este caso sí que ponemos toda nuestra energía y acción en ello porque hemos adquirido una obligación con nosotros mismos y con los demás.
Un compromiso implica adquirir una responsabilidad con las promesas que que nos hacemos a nosotros y que le hacemos a los demás. Pero un propósito supone que,  que si no hacemos lo que decimos, nos damos permiso para no hacerlo, pues no hay un compromiso.

A este nivel son importantes nuestras palabras. Las que utilizamos para hablar con los demás y también las que utilizamos para hablarnos a nosotros mismos. Por ello, ¡cuídalas!

Mi pregunta es clara, para este septiembre, ¿tienes propósitos o tienes compromisos?

motivacion

La motivación, ¿es responsabilidad del trabajador o de la empresa?

La eterna pregunta que últimamente está más presente de lo habitual y que ha sido motivo de innumerables debates. ¿Debe el empleado ir motivado de casa o es cosa de la empresa estimular su interés y motivarlo?

 

Opiniones hay para todos los gustos, pero quizá en los términos medios está el equilibrio. Avanzando mi visión al respecto, debería ser una responsabilidad compartida.

Cada uno tiene que poner de su parte en este sentido. pero a la vez, es innegable que un buen líder debe ser motivador.

¿Qué elementos intervienen en la motivación?

Años de experimentos han demostrado que a largo plazo las personas no se motivan por factores económicos sino por factores emocionales. Antes que un bonus o un incentivo económico (que también motiva pero no lo suficiente ni a largo plazo) una amplia mayoría prefiere tener la posibilidad de desarrollarse profesionalmente, que el trabajo sea interesante, aprender más sobre su profesión, que haya buen ambiente, conciliar vida personal y laboral, que te reconozcan el trabajo, escuchen tus sugerencias, etc. En definitiva, sentir que la aportación que haces es valiosa y apreciada.

Dan Pink en esta charla TED hace referencia a distintos experimentos y estudios super interesantes realizados hasta la fecha que muestran que la verdadera motivación viene de dentro, y propone motivar basándose en tres elementos: Autonomía, Maestría y Propósito. ¿Qué es cada uno?

Autonomía: la necesidad de tomar nuestras propias decisiones. «Nadie se implica en aquello que hace si le dicen exactamente cómo hacerlo y es controlado. Solo hay compromiso si hay autonomía, por lo que ésta puede considerarse la mejor tecnología posible para promover la implicación

Maestría: la necesidad de crecer y el deseo de hacer las cosas cada vez mejor en temas que importan.

Propósito: la certeza de que lo que hacemos está servicio de algo más grande que nosotros mismos y que por tanto tiene valor. Es sentir que tu trabajo deja huella.

¿Quieres ganarte la cooperación de la gente?

Si tuviera que elegir entre las conductas del líder que favorecen una mayor motivación, me quedaría con estas cinco.

♦ Comunica con claridad, precisión y sin ambigüedades.

Pongamos un ejemplo de comunicación clara utilizando un tema tan recurrente como es el hecho de pedir un esfuerzo extra. Puedes jugar con las palabras dando rodeos diciendo «Hay que darlo todo. Necesito que pongas lo mejor de ti en este proyecto», o puedes ser más exacto diciendo «Necesito que este fin de semana estés pendiente del móvil para atender y solucionar las incidencias que se presenten.»

A la larga las imprecisiones pasan factura. Igual que no saber con certeza dónde encaja tu trabajo dentro de la estructura, y dicho sea de paso, también el pedir sacrificios que se perpetúan en el tiempo.

♦ Escucha todo y a todos sin discriminar nada.

Atiende quejas, responde dudas, pide ideas y sugerencias a los colaboradores, acepta invitaciones, interésate por sus preocupaciones y averigua qué necesitan. El equipo tiene que saber que puede acudir a ti en cualquier momento y que se le va a escuchar.

Liz Ryan acaba de publicar un post en Forbes titulado ¿Puede algo motivar a mis perezosos empleados? En el artículo Lyz comparte tres ideas que por fuerza tienen que dar resultado.

1. Sentarse individualmente con los jefes de equipo y pedirles qué harían para que el departamento fuera un mejor lugar para trabajar. Una lista de 10 cosas que a los colaboradores les gustaría ver cambiar en su Organización. Por supuesto sin ponerse a la defensiva, simplemente escuchando y tomándose en serio cada punto.

2. Renunciar a la técnica del palo y la zanahoria como método para motivar. En su lugar crear un ambiente donde la gente pueda desarrollar y desplegar toda su energía para hacer un buen trabajo.

3. Crear un evento informal donde decir a los colaboradores: «Voy a cambiar mi estilo de liderazgo porque quiero hacer de este departamento un gran lugar para trabajar. ¿Cómo debería empezar?» Y a partir de aquí ampliar y concretar las ideas que ya se mencionaron con los líderes de los equipos.

♦ Facilita el cambio.

Escuchar al equipo coloca la pelota en tu tejado. Lo que significa que necesariamente tendrás que hacer cambios y darles lo que necesitan para hacer su trabajo, ya sea más formación, objetivos razonables, ordenadores nuevos, refuerzos que alivien alguna tarea en particular, dejar de ser un líder microgestor para que puedan trabajar con más autonomía… cualquier cosa que les ayude a ser más productivos.

El inconveniente de prometer algo es que luego hay que cumplirlo. ¿Quieres el respeto del equipo? Sé coherente, cumple las promesas y predica con el ejemplo.

♦ Agradece.

En todo ese proceso hay que estar presente, ser accesible, trabajar con ellos y animarles a que salgan fuera de su zona de confort buscando la excelencia. Recuerda lo que proponía Dan Pink como elemento motivador: Maestría, el deseo de ser cada vez mejor en lo que uno hace y el reconocimiento de esa habilidad y experiencia por parte de los demás.

No hay por qué esperar a un logro espectacular, también se puede felicitar cualquier pequeña acción o esfuerzo que merezca una palmadita en la espalda. Formas de hacerlo hay muchas, un correo electrónico con copia a un superior, una nota manuscrita con un Gracias (…), un desayuno sorpresa, una mención en público, un comentario en privado, etc.

♦ Ponle emoción. 

A todo lo dicho hasta ahora hay que añadirle el toque personal: las emociones. Las emociones (en su justa medida) tocan los corazones, y qué mejor forma de llegar al equipo que haciéndolo con buen humor, positividad y una sonrisa.

Resumiendo, no hay equipos fáciles. Simplemente no es realista. Hoy tienes un equipo altamente motivado y dentro de un mes puedes estar preguntándote por qué ha bajado tanto el rendimiento. Nunca hay que bajar la guardia.

excelencia

Empecemos con una verdad inamovible: no existen fórmulas mágicas para lograr nuestros objetivos. Es importante tener es to y muy claro para evitar caer en promesas de humo.

Lo cierto es que muchos son los directivos que tienen hacia un deseo casi obsesivo por resolver los problemas o conflictos de manera inmediata, rápido y, a poder ser, de una forma mágica. Y es entendible que un mundo tan frenético como el empresarial, lleve a los directivos a querer cambiar las cosas rápidamente. Sin embargo, lo siento, pero la realidad no funciona así; el cambio sólido que lleva a la excelencia, ese solo se logra a través de los hábitos.

Un hábito, según la RAE es el «modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas». Dicho de otra manera, es una conducta que incorporamos en nuestra vida de manera inconsciente y automática al punto  de realizarla sin ningún esfuerzo.
Un ejemplo sencillo es cuando aprendemos a montar en bici, las primeras veces debemos poner toda nuestra atención para no caernos, pero luego podemos hacerlo sin esfuerzo mental alguno y ahorrando la energía que invertimos en esa actividad. Esto ocurre cuando nuestro cerebro ha automatizado todas las acciones que debemos realizar y todas las conductas hasta convertirlo en un hábito.

Como puedes ver, esto de incorporar hábitos a nuestra vida tiene mucho que ver con ahorrar y optimizar energía. Llevado al mundo empresarial, podemos sustituir las bicicletas por escuchar más que hablar, solicitar feedback a los colaboradores… En un principio, cuesta mucho, pero una vez convertido en hábito, nos saldrá casi por inercia.

Es precisamente a través de repetir acciones e incorporar auténticos cambios como podemos mejorar nuestras competencias para así lograr nuestros objetivos.
No se trata de realizar una única acción mágica que nos permita lograrlo, consiste en realizar y repetir muchas acciones que van en la misma dirección hasta que no precisamos de un esfuerzo mental para realizarlas, convirtiéndolas así en hábitos.

Y te estarás preguntando cuántas veces es necesario repetir la misma acción para que se convierta en hábito. Pues bien, sobre este tema, ahondó William James, conocido como uno de los padres de la psicología moderna. James defendía que somos capaces de prender una habilidad y adquirirla como hábito. Y según el psicólogo, para ello precisamente repetir esa conducta como mínimo durante 21 días. Lo que os decía al principio, las fórmulas mágicas no existen…

Siguiendo esta teoría, por ejemplo, si quieres incorporar el hábito en tu rutina laboral de leer todos los mails los lunes de cada semana a primera hora, tendrás que realizar esa tarea durante 21 semanas seguidas como mínimo hasta que se convierta en hábito.

Os puedo asegurar que ir introduciendo hábitos positivos y productivos en nuestra vida profesional nos permitirá unos resultados impresionantes. Además, la autodisciplina y voluntad se ven reforzadas y contribuyen a generar una mayor seguridad en nosotros mismos y a potenciar nuestro espíritu de liderazgo.

Hábitos y excelencia van de la mano. Motivación, trabajo focalizado y la integración de hábitos positivos son la clave.

 

 

adicción al trabajo

Las personas que aman y disfrutan con lo que hacen suelen ser personas con una mayor motivación, pasión e implicación. Todo esto es genial, hasta que se nos va de las manos y el trabajo se convierte en un droga…

Todas las drogas ofrecen a sus consumidores efectos directos que las hacen atractivas. Y en el caso el trabajo, entre otros efectos, produce una sensación de ser útil, cierto reconocimiento, permite mejorar el estatus, sentir que crecemos, etc.

Quizá, el principal problema se encuentre en que esta droga está muy bien valorada por la sociedad y, al fin y al cabo, matarse trabajando no supone ningún delito. Así, cada día, algunos sin descanso, nos levantamos a consumir esa droga a la que llamamos trabajo y que provoca un gran bienestar a nivel psicológico (a los que nos apasiona y motiva nuestro trabajo).
Pero, si nos provoca bienestar, ¿cual es el problema? Pues que cuando nos excedemos en el trabajo, se puede ver resentida la relación con la familia, con los amigos e incluso nuestra salud; por eso es importante poner una barrera que nos permita separar la vida laboral de la personal

 

Como ocurre con cualquier adicción, reconocer la dependencia es el primer paso. Debemos ser conscientes de que estamos enganchados al trabajo y reconocerlo.

¿Cómo sé si soy adicto al trabajo?

¿Desconectar? ¿Eso qué es? 

Uno de los síntomas más claros y evidentes de los adictos al trabajo es la dificultad que presentan para desconectar cuando están fuera de la oficina o del horario laboral. Pueden estar de vacaciones en el paraíso y seguir mirando el correo electrónico 7 u 8 veces al día.

Sentimiento de culpabilidad cuando no se está trabajando 

Los adictos al trabajo experimentan cierto sentimiento de culpabilidad cuando no están trabajando. Es como si el hecho de descansar un poco les fuera a dejar en ese estado para toda la vida, sienten que parar por unos días o unas semanas les puede hacer perder el hábito y la costumbre de trabajar.

Suelen negar que tienen un problema 

Lo cierto es que trabajar hasta matarse está bien visto. Y aquí es donde el adicto al trabajo encuentra la excusa perfecta para seguir «consumiendo» su particular droga.
Si el trabajo les tiene totalmente aislados es por necesidad, porque son responsables, porque la situación es complicada, o porque las circunstancias así lo requieren durante un tiempo… pero nunca porque tienen n problema; y más grave de lo que imaginan.

Pon coto

De no poner freno a ese ritmo, en unos años todo caerá. Por ello es importante que crees una barrera que te permita diferenciar y disfrutar de tu vida laboral y también de tu vida personal.

Haz algo que te guste a diario 

Y, por mucho que te guste trabajar, no entra dentro de esta posibilidad. Lee, pasea, practica el deporte que te gusta… Lo que sea, pero haz algo a diario que te ayude a desconectar aunque solo sea por una hora al día.

Desconecta el móvil 

Pon tu móvil en «no molestar» o en «modo avión», sobre todo por la noche y durante el almuerzo. De esta manera durante esos períodos no recibirás correos, whatsapps, llamadas, ni nada que tenga que ver con trabajo.

Haz una pausa cada cierto tiempo

Para los adictos al trabajo, desconectar totalmente cuando están de vacaciones les puede llevar dos o tres días. Cuando digo desconectar me refiero a dejar de preocuparse por los correos o lo que han dejado pendiente y tendrán que hacer a la vuelta. Por eso, es posible que hacer dos o tres escapadas de 4 días al año no sea suficiente porque no te da tiempo de desconectar antes de regresar al trabajo.

 

 

 

 

 

coaching empresarial

Alcanzar los objetivos establecidos de una forma eficiente y eficaz utilizando los recursos humanos y materiales disponibles y a su alcance es uno de los principales retos de cualquier dirigente, líder o responsable de departamento. Y para lograrlo, deberá optimizar los medios y el alcance de los objetivos marcados deben ir en paralelo.

Ante esta gestión empresarial, el coaching tiene mucho que ofrecer…

Por ejemplo, en cuanto a la planificación de las tareas, actividades y roles del equipo, ayudando y permitiendo una planificación en función de las habilidades y competencias de cada miembro del equipo. O guiando al líder en el diseño de planes de acción que resulten eficientes y eviten procesos innecesarios e improductivos.

La inteligencia emocional es otro aspecto fundamental en el que el coaching puede jugar un papel muy importante en el que se mezcla el sentimiento de identidad, la sensación de eficacia o la sensación de eficacia.

Ocurre incluso, y com más frecuencia de la que podemos imaginar, que una vez establecida la estructura de un equipo que se puede considerar emocionalmente inteligente y establecidas también todas y cada una de las funciones que cada uno debe cumplir, algo falla. Y ese «algo», por lo general, es proceso de análisis y mejora.
Cuando contamos ya con la estructura y el orden, es necesario implementar mecanismos que permitan analizar de forma constante la evolución del equipo y los procesos de trabajo con respecto al objetivo del proyecto o la empresa, de manera que se puedan ir realizando mejoras o cambios siempre que sea necesario.

 

 

compromiso

Escuchamos hablar continuamente sobre la importancia del compromiso en las organizaciones y el gran problema de su ausencia en las mismas. Pero, ¿realmente falta compromiso o lo que falta es la capacidad de comprometer?

Podríamos abrir un debate que estoy seguro que resultaría más que interesante sobre qué es el compromiso o cómo lo entendemos…
Pero al final, un compromiso es una promesa que surge desde la libertad de una persona y afecta a la identidad del que promete.

Si hablamos del compromiso como promesa, como es lógico, ante una promesa, lo que esperamos es que se cumpla. Y si no ocurre así, la confianza se verá mermada. Por lo tanto, compromiso y confianza son dos conceptos que van íntimamente ligados.

Para llegar y conocer los niveles de compromiso en la organización, quizá deberíamos indagar antes en cuál compromiso de un líder al asumir un proyecto, o en cuál es el compromiso de un empleado a la hora de firmar su contrato… incluso ir más allá e indagar en por qué nos comprometemos.
Probablemente lo que nos lleva a comprometernos es la convicción de que haciéndolo vamos a obtener un bien mayor y al hacerlo respondemos a nuestros propios valores, esos que nos identifican.

Cuando hablamos de compromiso en el trabajo o en la organización, es importante plantearnos cuán valioso es para nosotros, ya que la consolidación de nuestras promesas dependerá, en gran medida, de ello. ¿ A qué contribuye nuestro trabajo?, ¿cómo lo interpretamos?, ¿cuál es nuestra interpretación de nuestro propio rol en la empresa, de la propia empresa, de la sociedad, etc?
Si nuestro juicio sobre todos esos aspectos relevantes es de alto valor, entonces nuestro compromiso será sólido. Si por el contrario no se trata de un juicio que nos satisface, nuestra vinculación a la empresa, al proyecto o a nuestro trabajo, se convertirá en un vínculo pasivo que, si somos honestos con nosotros mismos, más tarde o más temprano acabaremos rompiendo.

Poniendo el foco más en los lideres, mi pregunta es: ¿qué posibilidades o impactos estáis ofreciendo a aquellos que trabajan con vosotros? Porque resulta n tanto surrealista pedir o exigir compromiso cuando la oferta no está a la altura de la petición.

El mundo ha cambiado, quizá demasiado rápido, y el mismo ritmo ha avanzado el mundo en la empresa y los negocios. Los jóvenes, empleados y directivos de hoy no se comprometen tan fácilmente si no es con un vínculo que les ofrece valor.
Por naturaleza, deseamos y buscamos dejar huella en todo aquello que hacemos… He ahí la clave para un buen líder: desarrollar la habilidad de convocar ese talento.

 

liderazgo emociona

Controlar las emociones es otra de las claves importantes del liderazgo.

Antes de entrar de lleno en el tema, me gustaría comentar que, nuestras emociones las manifestamos de manera fisiológica (aceleran nuestra respiración y ritmo cardíaco, aumenta la tensión muscular en parte de nuestro cuerpo, etc.) y también a través de nuestros pensamientos.
Es realmente importante que el líder adquiera y trabaje las habilidades que permiten gestionar las emociones…

Cuando somos conscientes de nuestras emociones, nos cuesta menos manejarlas y eso se traduce en un mayor control de nuestra vida. El problema aparece cuando no somos conscientes de ellas, porque nos dominan.

Cuanto más nos conocemos a nosotros  mismos, mayor es nuestra capacidad para controlar nuestros sentimientos y amoldarlos a cada momento o circunstancia; pero ojo, que controlar los sentimientos no significa reprimirlos. Por ejemplo, la ansiedad es una reacción natural y positiva que nos pone en alerta ante situaciones de riesgo, pero puede convertirse en negativa si no la controlamos y permitimos que provoque conductas inadecuadas o se active ante estímulos que realmente no suponen riesgo.

Cómo controlar las emociones

«Respira hondo«, es lo primero que decimos o nos dicen cuando estamos ante una situación complicada.
Utilizar técnicas de respiración es muy útil para controlar las reacciones fisiológicas.

Controla tu pensamiento y detén los pensamientos negativos.
Cada vez que te encuentres en una situación tensa o complicada, presta especial atención a tus pensamientos y cada vez que detectes un pensamiento negativo, grítate a ti mismo: ¡BASTA! Y sustitúyelo por otro positivo.
No es fácil identificar esos pensamientos negativos, se necesita práctica, pero lo importante es comenzar a prestar atención e ir, poco a poco, siendo conscientes de ellos.

Ensayo mental, ensayar o imaginar situaciones complicadas y cómo saldrías de ellas, lo que dirías, qué medidas adoptarías…  Es una técnica que nos permite sentirnos más seguros cuando realmente estamos ante circunstancias adversas.

liderazgo y trabajo en equipo

Liderazgo y trabajo en equipo son dos aspectos fundamentales para el desarrollo de cualquier compañía. Por tanto, ambos conceptos van de la mano…

Cuando hablamos de liderazgo hablamos de la capacidad de un profesional para orientar para alcanzar los objetivos marcados. Un buen líder es aquel capaz de tomar las riendas en este sentido. Es prácticamente imposible entender el liderazgo sin grupos de trabajo.

Existe un sinfín de perfiles de líderes; en cualquier caso, el éxito de un proyecto depende de la capacidad de saber combinar liderazgo con equipo, encontrar el líder adecuado para cada equipo y también equipos que puedan ser dirigidos.

El líder y el equipo de trabajo

Antes de comenzar a trabajar juntos, de iniciar un proyecto o de emprender, el líder debe tener en cuenta algunos aspectos necesarios para el óptimo desarrollo del trabajo. Quizá, los más importantes son los siguientes:

Ser capaz de lidiar e integrar las diferencias del equipo

Una de las características de cualquier equipo de trabajo son las diferencias que suelen existir entre sus miembros. En ello influye mucho la personalidad de cada uno, pero también los intereses individuales o los roles que cada uno tiene.

Ser capaz de crear sinergias 

Un buen líder debe ser capaz de dirigir los intereses de cada uno de los miembros de su equipo hacia un mismo punto: los objetivos de las empresa o el proyecto.

Generar resultados positivos

La labor del líder consiste, a grandes rasgos, en promover cambios, siempre en positivo y mejoras en el mismo sentido.

Características de un buen equipo de trabajo

El liderazgo es fundamental para el buen desempeño de un equipo de trabajo, pero no lo único necesario, otras características deben estar también presentes…

La comunicación es, probablemente, una de esas características clave. Debe ser clara, directa y circular con facilidad y eficacia, tanto en sentido ascendente como descendente.
Importantísimo es también el compromiso por parte de cada uno de los miembros del equipo.
La confianza debe hacer acto de presencia de manera continua entre los miembros de ese equipo, tanto entre ellos como la confianza en el proyecto, de lo contrario el grupo estará abocado a la desintegración.
Flexibilidad y capacidad de adaptación son dos términos necesarios en cualquier grupo de trabajo.
La creatividad otra característica indispensable, para marcar la diferencia es preciso innovar.
Y, por supuesto, el optimismo siempre, incluso en las situaciones más complicadas. Un buen equipo no renuncia a sus objetivos, por difícil que prometa ser el camino.

 

 

mando intermedio

Solemos hablar, escuchar y leer mucho sobre directivos y empleados, especialmenteen estos tiempos de cambios. Se habla, por supuesto, continuamente de crisis, de lo que la ha provocado y todo tipo de opiniones que generan debate al respecto. Se habla de ideas, de proyectos… Sin embargo, pocas veces se habla, escribe, se escucha o se lee sobre el mando intermedio. Tanto es así que para este cargo ni siquiera existe un rango «oficial». Unos lo llaman jefe de departamento, otros lo llaman coordinador, hay quienes utilizan el calificativo supervisor, algunos lo denominan director de área… y seguro que hay alguna manera más de definir al mando intermedio que me dejo en el tintero.

No importa la empresa, ni siquiera la actividad, porque la realidad en cualquier caso siempre es la misma: un mando intermedio, lo llamemos como lo llamemos, es un profesional que desempeña su labor continuamente en un fuego cruzado entre órdenes y personas. Y lo cierto es que, de la inspiración y saber hacer de este tipo de profesionales, en muchos casos, depende el éxito o fracaso de la compañía.

Este tipo de profesional debe hacer frente a un sinfín de retos, dificultades y contratiempos cada día, por lo que, desde luego, debe contar con una serie de habilidades que se tornan prácticamente imprescindibles y entre las cuales se encuentran:

  1. La implicación en el trabajo y cada proyecto.
  2. Capacidad de dirigir, controlar y planificar.
  3. Contar con conocimientos técnicos y del negocio.
  4. Tener madera de líder y así ser identificado por el equipo.
  5. Poseer visión del negocio.
  6. Capacidad de comunicación.
  7. Cercanía y empatía.
  8. Contar con la motivación y también con capacidad para motivar a su equipo.
  9. Capacidad de decisión.
  10. Ser dinámico.
  11. Creatividad.
  12. Ser resolutivo.
  13. Capacidad de gestión del talento.
  14. Delegar.
  15. Debe ser, sin duda, una persona autocrítica.
  16. Poseer conocimientos en gestión de personas.
  17. Ser un magnífico gestor de conflictos.

Probablemente me dejo en el tintero alguna de esas habilidades necesarias, pero quizá las más importantes estén identificadas en esta lista.

¿Vosotros qué opináis?

autodisciplina

No me atrevería a decir que es la clave del éxito, pero sí es, sin ninguna duda, una de las que lo componen; hablo de autodisciplina. El compromiso y la disciplina guardan una estrecha relación con el éxito. Y el que tenga como objetivo alcanzarlo, debe entenderlo e incorporar estas características a su vida, su día a día.

Os invito a echar un vistazo a las personas que hay a vuestro alrededor, podréis comprobar cómo la mayoría de las personas que forman vuestro entorno, y las que no también, se distraen con gran facilidad, una facilidad a veces asombrosa.

Alcanzar los sueños y, por el camino, ganarse el respeto de los demás es algo que, además de hacernos sentir plenos, es una gran ventaja. Sin embargo, difícilmente se logra esto sin una gran autodisciplina.

Pero, ¿hasta qué punto es grave eso de no contar con una disciplina fuerte, sólida y consciente? La respuesta la podemos encontrar en la gravedad que deriva de la impuntualidad, el ausentismo laboral, etc. ¿Te imaginas un proyecto en el que ninguno de sus miembro cumple con los pasos establecidos y pactados?, ¿o una reunión a la que nadie llega a su hora? Y lo cierto es que no son pocas las compañías que se encuentran envueltas en una rutina de citas y reuniones en las que no se cumple con el tiempo, que tienen que hacer frente a clientes que pierden las citas o proveedores que no cumplen con las fechas límite.

Hacer las cosas, hacerlas bien y hacerlas dentro de los tiempos pactados o previstos dice mucho de nosotros. Cumplir con lo acordado es una característica que permite destacar entre la abundante competencia. Esta habilidad de la autodisciplina permite atraer oportunidades, contactos y recursos.

Autodisciplina es sinónimo de poder y magia. Y es que cuando ponemos el foco de esa autodisciplina sobre un propósito concreto, lo alcanzamos, en ocasiones, incluso superando las expectativas y obteniendo grandes resultados.

Valorar y reconocer el tiempo, nuestro tiempo, es quizá el primer paso. Cuando somos conscientes de la importancia del tiempo, nuestro concepto sobre el mismo cambia y tendemos a controlarlo al máximo. Ese control es fundamental, para saber en qué lo invertimos, cómo lo controlamos y en qué lo estamos desperdiciando.
Una vez que ejercemos un control absoluto de nuestro tiempo, la decisión, o más bien la toma de decisiones, es el siguiente paso. Cualquier logro se debe a una toma de decisión o decisiones.
Y el paso definitivo es pasar a la acción, que se ejecuta iniciando o implementando algo nuevo, posteriormente requiere de un seguimiento y, por supuesto, de una terminación.