incertidumbre

En mecánica cuántica, la relación de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre establece la imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas sean conocidas con precisión arbitraria.
Esto que Heisenberg estableció hace casi 90 años, concretamente en el año 1925, dicho de una forma más simple, viene a decir que cuanta más certeza se que a la hora de determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimientos lineales y, por tanto, su masa y velocidad.

Ante esto, abría una brecha frente a la física tradicional, que avanzaba siempre en busca de respuestas precisas y exactas dejando patente que el avance de física cuántica sólo era posible si en el camino se encontraban presentes ciertos niveles de incertidumbre como parte de una realidad compleja.

El mismo concepto anterior lo podemos extrapolar al ser humano, a las relaciones, incluso al liderazgo… aspectos, todos ellos, que se niegan a ser dibujados con la exactitud de la física tradicional porque se encuentran en constante evolución.

Hablar, por lo tanto, de la gestión de la incertidumbre, de cómo gestionarla, es por tanto hablar de algo incierto, me atrevería a decir incluso algo fantasioso. Y es que, gestionar la incertidumbre sólo es posible estableciendo escenarios que permiten descartar posibilidades asumiendo errores.
Cuando hablo de gestionar la incertidumbre, a lo que me refiero es a contener el impacto que esta provoca en aquellos que precisan de certezas para avanzar.

La incertidumbre es algo así como una senda imaginaria que no es del todo clara; es confusa, como si una densa niebla dificultara la visibilidad en el camino. Gestionar la incertidumbre implica caminar en medio de esa niebla, pero para avanzar en ella debemos aceptar dos aspectos:

  1. Aceptar la vulnerabilidad y asumir el riesgo
  2. Aceptar y asumir el vínculo que la incertidumbre tiene con la esperanza.

Una de las vías, también confusa, propone quedarnos quietos, inmóviles… y que sea la vida la que nos vaya arrastrando y escribiendo el guión de nuestra vida sin tenernos my en cuenta. Pero existe otra vía que muchos preferimos y hemos decidido tomar: la vía de la esperanza. Esa en la que, a pesar de no tener muy claro el camino, cada paso depende de nosotros mismos, de nuestra actitud.

Una vez más, como en casi todo, la clave está en la actitud. Tú eliges el camino que quieres tomar; pero es conveniente que sepas que siempre lo puedes cambiar.

A este respecto, conviene aclarar que no es lo mismo la gestión de la incertidumbre que la gestión del cambio.
Cuando se trata de la gestión del cambio, somos capaces de visualizar un cambio concreto, incluso podríamos prever el camino a recorrer para llegar a ese cambio. La incertidumbre puede ser los impactos previsibles que habrán en ese proceso de cambio. Anticiparnos a esos impactos es gestionar y una forma de suavizar las reacciones negativas y las resistencias.

 

 

Autoconfianza

Una de las habilidades más deseadas, y también una de las más importantes para avanzar (en cualquier ámbito), es la autoconfianza. La autoconfianza es, sin ninguna duda, una de las características principales de los grandes realizadores; ellos destacan por haber sabido generar una gran autoconfianza y creer en sus propias posibilidades para alcanzar el éxito.

Si aún no lo sabes, tengo una buena noticia para ti: la autoconfianza es algo que se puede desarrollar.
Lo primero que necesitas es haber tomado la decisión de pasar a la acción para mejorar, potenciar tus niveles de autoconfianza. Y luego, llevar a la práctica algunos hábitos y consejos que te ayudarán a conseguirlo. En esta ocasión, comparto contigo 5 que te pueden ayudar:

1. Pasa a la acción

El primer paso es el de la toma de acción.
De nada sirve tener grandes o preciosos sueños, ni que pienses continuamente en lo mucho que te gustaría hacerlos realidad, ni siquiera sirve de gran cosa que planifiques si no pasas a la acción decidido/a a  realizarlo.
Lo primero es la decisión de pasar a la acción… y una vez que des el primer paso, a medida que vayas completando tareas, alcanzando pequeños objetivos, poco a poco irás generando valor, coraje y creando más autoconfianza.
Quedarse quieto sólo trae consigo dudas, temores.

2. El orden de los factores (en este caso) sí altera el producto

Es muy común encontrar casos de personas que esperan a que sus miedos se esfumen para luego pasar a la acción. Es una posición cómoda, segura; pero lo cierto es que las cosas no suceden habitualmente en ese orden, difícilmente los miedos desaparecerán un día por arte de magia. Cuando se desea hacer frente a una situación para la que no tenemos toda la confianza, la mejor manera de acabar con los miedos es comenzar a andar… Con cada paso que consigamos dar al frente y nos permita avanzar, estaremos debilitando los temores.

3. La preparación es básica 

La preparación es una de las claves para ganar confianza y seguridad a la hora de llevar algo a cabo.
Una vez que has decidido ponerte en marcha, la preparación no debe ser un obstáculo, pero sí debes adoptar una filosofía de mejora continua que te permita estar cada vez más preparado; así, poco a poco, irás construyendo na fuerte confianza en ti mismo/a  y en tus posibilidades.

4. Fallar es normal. El verdadero fracaso es abandonar

Es precisamente el miedo al fracaso, a cometer errores, a fallar, el responsable de la parálisis de muchos.
Fallar no es algo definitivo. Cuando algo falla, no es más que eso, una forma en la que no funciona. Decía Thomas Alva Edison:

«No he fracasado, simplemente he descubierto 10000 formas que no funcionan

Lejos de ver y entender un fallo como un fracaso, la cave está en entenderlo como una lección y oportunidad de progresar y hacerlo mejor la próxima vez. El verdadero fracaso es abandonar.
Una vez que lo entiendas así, cada nuevo intento reforzará y aumentará tu autoconfianza.

5. Haz que tus sueños sean siempre más grandes que tus miedos

Quita el foco de tus miedos y ponlo en tus sueños. Esta es una de las mejores maneras en las que puedes hacer que tus miedos se esfumen. Deja de darle importancia a tus temores y enfócate en ver con claridad lo positivo de tus esfuerzos… Cuando logres mantener de manera constante esa imagen en tu mente, tu valor se multiplicará y se disparará tu autoconfianza.

Ilusiónate, entusiásmate con aquello que tanto deseas y te permitiría sentirte realizado/a, que permitiría hacerte sentir que has invertido tu vida de la mejor manera. Desde ese entusiasmo emanará una gran fuente de motivación que debes aprovechar… Si lo haces, te sorprenderá a ti mismo/a comprobar hasta dónde eres capaz de llegar.

Emprender con valor

EMPRENDER CON VALOR. 10 historias escritas desde el corazón es la materialización de un sueño que ha adquirido forma de libro y lleva dentro un pedacito de mí.

Se trata de un libro escrito por un equipo de diez profesionales dedicados al sector del crecimiento personal, entre los que me encuentro, y a los que nos une algo tan fuerte como es nuestra pasión. Todos y cada uno de los que hemos dado forma a este libro tenemos en común la pasión de dedicarnos a las personas y poder acompañarlas en sus diferentes procesos y cambios a la hora de perseguir sus objetivos.

En algún momento de nuestras vidas, nuestros destinos se cruzaron en una formación especializada. Allí comenzamos a elaborar la idea de este libro coral que hoy os puedo presentar. Y desde ese preciso instante, esa opción ocupo parte de nuestras ideas y pensamientos con forma de sueño. Hoy podemos decir que tras mucho tiempo invertido, un gran esfuerzo por parte de cada uno de los que participamos en este proyecto y un gran trabajo en equipo, hemos conseguido convertir aquel sueño en una realidad.

¿Qué váis a encontrar en este libro?

Este es un libro recopilatorio que alberga diez historias escritas desde el corazón por diez personas emprendedoras. Y en cada una de esas historias encontrarás la explicación de cómo, buscando apoyo en los valores, esos valores que nos condicionan y en los que nos  sustentamos a la hora de tomar decisiones, es posible superar los miedos y convertir en realidad cualquier sueño.

Encontrarás veinte valores fundamentales: confianza, creatividad, solidaridad, generosidad, bienestar, sinceridad, gratitud, integridad, espiritualidad, perdón, honestidad, alegría, constancia, amor, cooperación, disfrute, automotivación, vocación, pasión y humor. Veinte valores imprescindibles que debes tener presente en tu vida y que te pueden ayudar a emprender y alcanzar tu sueño, como lo hemos hecho las personas que hemos escrito este libro.

Me gustaría presentaros a cada uno de los profesionales con los que he tenido el placer de trabajar en este proyecto:

Daniel Meléndez

Sociólogo. Coach personal y profesional. Director y fundador de Alegría Coaching. Formador. Conferenciante. Coordinador del experto universitario para emprendedores e intraemprendedores de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Isabel Viñas

Psicóloga. Coach. Profesional de los recursos humanos. Emprendedora.

Gerardo Romero 

Psicólogo. Coach. Emprendedor.

Rebeca de la Fuente

Socióloga. Experta en marketing y publicidad. Coach. Formadora. Emprendedora.

María José Pita 

Licenciada en publicidad y relaciones públicas. Periodista. Especialista en dirección y producción de cine, vídeo y televisión. Docente. Coach.

Lola mendoza

Economista. Coach. Emprendedora.

Rosybel López

Experta en asesoría de imagen y marketing personal. Coach. Emprendedora.

Virginia M. Castro 

Diplomada en turismo y licenciada en ciencias del trabajo. Coach. Formadora. Novelista. Emprendedora.

Fina Tolsá

Optometrista. Coach. Empresaria.

Y un servidor.

 

¡ASEGÚRATE TU COPIA!

libro-valor-precio

Fracaso-exito

Las diferencias entre éxito y fracaso, a priori, pueden parecer obvias. Sin embargo, os aseguro que no lo son tanto. De hecho, si hacemos una reflexión sobre el verdadero significado de la palabra éxito, veremos que no es tan fácil de definir como parece.. Por ello quiero hablaros de lo que, a mi modo de ver, son los tres componentes básicos del éxito:

1. El éxito no es la meta, es el camino

Teniendo esto en cuenta, para alcanzar el éxito se deben dar dos circunstancias:

  1. Que tengas una meta, un objetivo.
  2. Que te encuentres en movimiento, en el camino que te lleva a alcanzar tu meta. Para que haya éxito es imprescindible haber tomado la decisión de pasar a la acción.

Nadie ha dicho que sea fácil, ni mucho menos cómodo. Si el éxito es el camino, lo primero que debes saber es que el camino no tiene final; no importa lo lejos que hayas llegado, en el momento que dejes de caminar, dejarás de tener éxito.

Y ese camino, está para modelarte, para transformarte de manera que te alejes de la mediocridad y logres destacar.

2. Es un constante proceso de descubrimiento y desarrollo

Con el tiempo, con la experiencia y con el propio caminar, vamos descubriendo nuevas cosas que amplían nuestra visión y también nuestros propósitos. Es un constante proceso en que debemos desarrollar nuestro máximo potencial. Mejorar cada día en busca de la excelencia es la clave.

3. Este último punto lo estableces tú

Lo cierto es que mis conocimientos y experiencias, como los de cualquier persona, son limitados; y probablemente son también muy diferentes a tus propios conocimientos y experiencias. Es por ello que cometería un error si tratara de definir de una manera exacta o perfecta lo que es el éxito.
Sólo de manera individual y de acuerdo a nuestras propias experiencias, pasiones, necesidades, inquietudes… podemos completar este tercer componente básico del verdadero éxito, del éxito real. Por eso quiero que seas tú mismo/a quien complete esta reflexión… ¿Cuál es tu concepto del éxito?, ¿qué característica precisas para alcanzar el éxito realmente?

 

delegarDelegar es para cualquier directivo una de las tareas más delicadas. Y es que, al delegar una tarea o actividad se encomienda a otra persona para que la ejecute, con los riesgos y consecuencias que ello conlleva.

Cuando delegamos a otra persona una actividad o tarea dentro de una organización, automáticamente estamos otorgando a esa persona la posibilidad de realizarla en nuestro nombre, del mismo modo que estamos asumiendo la responsabilidad de algo que no controlamos totalmente, ya que no lo hacemos directamente.
Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que para que la delegación de una tarea sea efectiva y eficaz, es necesario que exista una confianza previa en la persona a la que vamos a encomendar la actividad. Es imprescindible que al delegar, exista la confianza y seguridad suficiente de que esa persona cuenta con la capacidad, interés y predisposición necesaria para ejecutar la tarea con la exigencia y calidad que requiere.
Es por esto que, a pesar de su aparente sencillez, resulta tan complicado delegar…

¿Qué ventajas ofrece delegar?

Cualquier proyecto exige el desarrollo de múltiples tareas que, los límites del tiempo, y en ocasiones también otros factores, impiden que una sola persona pueda realizarlas sola. Aún así, son frecuentes los casos de profesionales al mando de un proyecto o directivos que trabajan al cien por cien de sus posibilidades y capacidad, lo que a la larga puede suponer un inconveniente más que una ventaja a la hora de alcanzar los objetivos.

Sin embargo, cuando se delega una tarea a la persona adecuada, se produce un efecto multiplicador de las capacidades de las personas. Permite una mayor y mejor organización, ampliando las posibilidades y capacidades a través de la participación y colaboración. Delegar, sin ninguna duda, permite aumentar la calidad y la cantidad de los resultados que se obtienen dentro de un proyecto u organización.

Las claves para una delegación efectiva y eficaz:

  • Delegar no es olvidar. Delegar es encomendar y trasladar a otra persona una tarea, pero ello no implica el olvido de la misma, es fundamental realizar un seguimiento y seguir controlándola.
  • Formación. Decía antes que la confianza es fundamental a la hora de delegar. Pues bien, para poder tener esa confianza absoluta en las personas que colaboran en un proyecto, es muy importante su formación, por lo que invertir todos los recursos posibles en formación siempre será positivo.
  • Pregúntate, en cada tarea, si es realmente necesario que la hagas tú. Pregúntate a ti mismo/a si realmente es conveniente que la realices tú o si es una tarea que puedes delegar. Valora las posibilidades y opciones… Y si finalmente conviene delegarla, valora qué persona la puede desarrollar, si hay alguien en tu entorno capacitado y en quien confíes, adelante; si no, valora quién, tras un período de formación, podría realizarla.
    Al hacerte estas preguntas con cada una de tus tareas habituales, te darás cuenta que realmente muchas son delegables, y encomendárselas a otras personas incrementarían tu potencial.
  • Marca objetivos. Establecer objetivos claros es la mejor manera de conseguir que una delegación sea efectiva, ya que con unos objetivos claros, es posible medir y cuantificar. Y esto permite conocer la evolución del proyecto en general y también el compromiso de cada una de las personas que trabajan en él.
  • Crea una atmósfera de confianza. Es importante crear un ambiente libre de miedo en el que cada una de las personas que participan en un proyecto se sientan cómodas y seguras a la hora de desarrollar las tareas correspondientes, y sean capaces de tomar decisiones y actuar sin miedo a la equivocación.

liderazgo

En cualquier organización o compañía, desde las más pequeñas hasta las más grandes, hay un líder. Y la función, a nivel general de cualquier líder, es dirigir, guiar a su equipo en dirección a una meta, a un objetivo concreto.

Dentro de cualquier equipo, el talento juega un papel fundamental, ya que los logros y avances hacia el objetivo u objetivos dependen, en gran medida, del talento de los miembros que lo componen. Pero, ¿qué es el talento? Pues bien, el talento el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes con las que cada individuo cuenta y que marcan la diferencia haciéndole único.

Sin ninguna duda, el mejor recurso con el que puede contar cualquier organización o compañía, es el talento humano. Por eso y por todo lo anterior se torna imprescindible que el líder sea capaz de componer el mejor equipo…

En cuanto a los líderes, existen muchos tipos. Tantos que meterlos a todos en un solo post sería muy complicado. Hoy el protagonismo es para los líderes multiplicadores y los líderes acaparadores.

Liderazgo acaparador

Un líder acaparador es un líder que reserva para sí mismo la aportación de ideas, que no tiene en cuenta la opinión de otros, propenso a no escuchar; se trata de profesionales convencidos de que sin ellos el equipo no sería capaz de nada, estaría perdido. Un líder acaparador se considera a sí mismo un genio, el genio del equipo. El modus operandi debe ser siempre a su manera; o eso, o no se hace.

Ante este tipo de líder, hay dos posibles consecuencias: la primera es que por muy capacitado que esté el equipo, por mucho talento que tenga y por mucho que pueda llegar a aportar, con el tiempo, acabará anulado, dormido, desaprovechado, desmotivado; la segunda es que, los profesionales más activos, acaben abandonando y trabajando en otra compañía.

Lo cierto es que hay casos, especialmente los orientados a resultados, en los que este tipo de líder puede resultar muy efectivo. Pero será siempre una efectividad a corto plazo, ya que la negativa a escuchar y ante la aportación de ideas de los demás limita el crecimiento.

Como dice el refrán “don cabezas piensan mejor que una”. O al menos dos perspectivas pueden converger dando lugar a una solución cualitativamente mejor. Y si son más, mejor…

Liderazgo multiplicador

¿Qué multiplican los líderes multiplicadores? Pues precisamente eso que resulta tan importante para alcanzar cualquier objetivo y con lo que debe contar un buen equipo: el talento.

Los líderes capaces de multiplicar el talento se caracterizan por poseer una gran habilidad para descubrir genialidades en cada uno de los miembros que componen su equipo, por valorar y hacerles sentirse valorados por esas cualidades que les hacen diferentes y únicos.

Creen ciegamente en que cualquier persona cuenta con los recursos necesarios para alcanzar cualquier meta que se proponga… y esta creencia les empuja a trabajar en el crecimiento de los profesionales que componen su equipo, con la intención de que se conviertan en mejores profesionales y mejores personas.

En los equipos de este tipo de líder, no hay limitaciones ante las ideas. El trabajo es un trabajo en grupo y participativo, donde cada idea cuenta, donde florece la creatividad y los miembros del equipo asumen un compromiso necesario para alcanzar las metas. Los líderes multiplicadores incitan a cada uno de los miembros de su equipo a desarrollar su propio talento en pro de una causa común: alcanzar los objetivos de la compañía.

En un equipo liderado por un multiplicador no hay un genio, hay muchos. Y es que este tipo de líder es especialista precisamente en crear genios; sacar el máximo partido al conocimiento, habilidades y actitudes de cada componente del equipo.

Y en cuanto a la efectividad, este tipo de liderazgo permite lograr más en menos tiempo y sin límites.

Termino con una frase de John Maxwell que quizá lo resume bien: “Lidera personas y tus resultados crecerán. Lidera líderes y tus resultados se multiplicarán”.

escuchar en los negocios

Dijo el científico y novelista alemán, Goethe, que “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”. Recurro a su frase como título y para comenzar este post, a través del que intentaré exponer las razones y motivos por los que ser buen directivo y saber escuchar son dos conceptos que están intrínsecamente unidos.

Afirmaba Goethe con gran acierto que “escuchar es una necesidad”. Y es que, si nos paramos por un momento a analizarlo, rápidamente nos daremos cuenta de que hablamos para ser escuchados, ya que la escucha valida el hablar.

La otra afirmación de Goethe asegura que “escuchar es un arte”. Cierto también… Y es que cuando hablamos de escuchar, no hablamos del mero hecho biológico de oír, sino de comprender e interpretar lo que están diciendo.

A priori parece más importante y relevante saber hablar que saber escuchar. Sin embargo, no es así; es precisamente la capacidad de escuchar y saber escuchar una de las características que más se valoran en un directivo.
Es probablemente en la escucha donde radica una de las mayores dificultades de cualquier directivo, ya que es muy habitual que este tipo de profesional se centre más en lo que tiene que decir y cómo lo debe decir que en lo que realmente le están diciendo.

Son muy comunes los casos de directivos prometedores con un gran componente racional que fallan en el desarrollo de sus responsabilidades profesionales y ejecutivas por el simple hecho de contar con escasas habilidades emocionales y un exceso de impaciencia. A pesar de contar con un inmenso potencial, fallan por no saber escuchar, por no tener en cuenta al interlocutor, lo que lleva ofrecer respuestas rápidas, precipitadas y, al no escuchar y no saber y comprender el problema, poco coherentes.

La clave principal para evitar este  mal común entre directivos (y también los que no lo son) es mostrarles la importancia de escuchar y comprender desde la racionalidad y también desde las emociones; y luego, la importancia de ser escuchados y comprendidos. El profesional debe centrarse en lo que le están diciendo desde una perspectiva racional y también emocional; y después preocuparse en lo que dice y cómo lo percibe e interpreta su interlocutor.

No es tarea sencilla, pero con práctica, todo se puede lograr… es cuestión de practicar la escucha del interlocutor y la propia. Y, sobre todo, antes de responder, tener la calma suficiente para reflexionar e interpretar lo que están diciendo.

Con un poco de paciencia, humildad y práctica, los resultados se harán visibles…

lenguaje transformacionalLas palabras tienen el poder de crear realidad, ya que son capaces de modificar nuestro estado de ánimo. El nexo de unión entre las palabras y la emoción es muy claro: utilizamos las palabras y el lenguaje para dar sentido a lo que vemos y lo que ocurre, para interpretarlo; y estas interpretaciones y valoraciones que hacemos utilizando como herramienta las palabras, forman una especie de prisma a través del que vemos el mundo, un prisma que nos permite verlo de una forma muy personal.
Todos tenemos convicciones propias, certezas y creencias; de algunas somos conscientes y otras se alojan en nosotros de manera inconsciente… y todas ellas forman ese “prisma” con el que vemos la vida.

La parte positiva es que tenemos la capacidad de cambiar la forma de ver la realidad, de limpiar el prisma que nos nubla la vista o nos hace ver todo muy oscuro para dejarlo impecable y que nos permita ver con mayor claridad y optimismo, con nitidez, en color.
Todos podemos rechazar las palabras nocivas, desmotivantes y limitantes que no nos dejan ver bien para avanzar. Y, por supuesto, podemos acoger palabras de ilusión, motivadoras, positivas.
No es lo mismo decirte a ti mismo ¨no puedo hacer esto”, que decirte “no sé hacerlo aún, pero es una oportunidad genial para aprender a hacerlo”.

Las palabras no son sólo signos que corresponden a una serie de sonidos, son muchos más. Son herramientas que tienen la capacidad de crear un impacto y de afectar a las emociones y los estados de ánimo.

Son numerosos los estudios que se han realizado sobre el impacto de las palabras en las emociones y estados de ánimo.
Está científicamente demostrado que palabras negativas como ‘peligro’ o ‘imposible’ (muy utilizadas, por cierto), provocan en nosotros un incremento de la hormona de stress. Sin embargo, palabras positivas y motivantes, como ‘capaz’, provocan justo el efecto contrario.

No podemos eliminar por completo las palabras negativas de nuestro vocabulario, ya que son imprescindibles para describir situaciones o experiencias. Y porque hacerlo sería dar la espalda a la realidad en muchas ocasiones, y esto también es contraproducente. Lo que sí podemos hacer

es ser conscientes de cómo y cuando utilizamos esas palabras negativas y tratar de moldearlas con el objetivo de que su impacto sea lo más suave posible y su efecto, en lugar de negativo, sea constructivo. Cambia el “imposible” por “complicado”, el “desastre” por “desorden” o el “peligro” por “riesgo”.

Te sorprenderá comprobar cómo cambian las cosas y todo lo que comienza a suceder cuando te acostumbras a buscar las palabras adecuadas para ayudarte a ti mismo/a y a los que te rodean, en lugar de para limitarte o limitarles o anularte y anularles.

Te reto a que lo pruebes, a que comiences a utilizar el lenguaje para avanzar, construir, crecer. Y, por supuesto, luego me gustaría conocer tu experiencia ;)

comunicación internaDijo Woody Allen que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”. Gran verdad.

En la empresa, la comunicación interna no es un lujo de las grandes compañías, es una necesidad de cualquier empresa, máxime en esta etapa de cambios y resultados un tanto inciertos que venimos atravesando desde hace ya algún tiempo.

Se ha convertido la comunicación interna, sin ninguna duda, en uno de los grandes retos profesionales del siglo XXI. Y es que aún son muy pocas las entidades que apuestan por el desarrollo de una correcta política de comunicación interna que facilite la implantación de los cambios necesarios para alcanzar los objetivos impuestos y desarrollar las estrategias que permitan retener el talento.

Muchas empresas ignoran o hacen caso omiso a la obviedad de que para ser competitivas y adaptarse a los cambios a los que inevitablemente nos obliga el mercado, entre sus prioridades debe estar la motivación de su equipo humano, la elaboración de estrategias que permitan retener en la empresa a los mejores

La comunicación no consiste sólo en hablar o crear discursos, la comunicación consiste en construir relaciones. Comunicar también es demostrar, es acreditar, es decir con palabras y sin ellas. Comunicar es crear un clima que facilite el entendimiento y fomente el diálogo, que ayude a comprender el porqué de las cosas, es buscar y dar sentido a aquello de lo que se presume. Comunicar es también, por supuesto, una invitación a conocer, es incitar a la curiosidad.

Uno de los principales objetivos de la comunicación interna es mejorar o aumentar la eficacia del equipo humano. Y para ello ese equipo se debe sentir cómodo, algo que sólo se consigue realmente si está informado y conoce a fondo los entramados de la compañía para la que trabaja: su filosofía, su misión, sus valores, sus estrategias… Sólo así se consigue que ese equipo se sienta integrado y parte de la empresa, de manera que todos, desde los empleados, pasando por todos los departamentos de la empresa, hasta la dirección, estén dispuestos a dar todo de sí mismos.

Cabe destacar los dos tipos de comunicación interna que existen: ascendente, es aquella comunicación que se realiza desde abajo hacia arriba en el organigrama de la compañía; y descendente, al contrario que la anterior tiene lugar desde arriba hacia abajo. Y digo que cabe destacar las dos formas porque es muy común que las empresas caigan en el error de basar su comunicación en un modelo unidireccional en el que los empleados se convierten en simples sujetos pasivos, cuando en realidad el feedback es algo muy importante, fundamental dentro de cualquier compañía; y la comunicación y el diálogo entre dirección y trabajadores debe ser constante y fluido.

Y es que no es lo mismo informar que comunicar. Podemos informar a través del lanzamiento o la transmisión de mensajes; sin embargo, la comunicación no es unidireccional, precisa de una respuesta por parte del receptor.

Cuando estamos ante una comunicación auténtica y efectiva, ésta transciende quedando impresa en los hechos y, paradójicamente, se termina forjando sin palabras.

posible El crecimiento o desarrollo personal son expresiones que engloban un conjunto de propuestas que pretenden liberar el potencial humano de cualquier persona más allá de su desarrollo natural. Todo el mundo posee sueños, aspiraciones, ambiciones… y también todo el mundo cuenta con un gran potencial que, en muchas ocasiones, por diversos motivos (miedos, falta de metodología, desconocimiento…) no se aprovecha. Y la consecuencia directa es la frustración al ver cómo esos sueños y aspiraciones se esfuman. A continuación te propongo siete claves a tener en cuenta para potenciar tu desarrollo personal:

  1. ¿Qué quieres? Para saber en qué dirección comenzar a andar, debes saber dónde estás,  adónde te diriges, adónde quieres llegar y lo que quieres. Si no sabes dónde estás es imposible ir a ninguna parte. Cuanto más claro tengas lo que quieres, mejor; de esta manera podrás centrar tu atención y depositar todas tus energías en tu objetivo. A propósito de esto, comenzaba mi anterior artículo con esta frase: “Ten muy presente que tu enfoque determina tu realidad”. Te recomiendo que lo leas, en él explico con más detalle la importancia de saber exactamente lo que se quiere y centrar el foco en el objetivo.
  2. Comunícate. Aprende  a pedir y aceptar ayuda Una vez que tengas claro qué quieres, cuéntalo, comunica a la gente tus ideas y aspiraciones… si haces a los demás partícipes, cuando surja la ocasión se acordarán de ti. Aunque cueste creerlo, existe mucha gente dispuesta a ayudar, y a ayudarte a ti en particular; pero para ello es importante que sepan lo que quieres. Habla, comparte…
  3. Voluntad. Arrojo. Determinación Si realmente quieres algo, nada ni nadie podrá impedir que lo consigas; esto es algo que debes grabar en tu mente. Pero también es cierto que para conseguirlo es imprescindible tu voluntad, tu determinación, tu decisión de luchar por ese sueño sin límites. Nadie ha dicho que sea fácil (y probablemente no lo será), pero es precisamente ahí donde se verá quién realmente quería algo y quién simplemente decía quererlo. Los obstáculos y circunstancias adversas no son más que pruebas que el Universo pone en el camino… muchos se retiran al encontrarlos; algunos continúan hasta la meta. ¿A qué grupo perteneces tú?
  4. Resilencia La resilencia no es más que la capacidad de las personas de sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones o circunstancias adversas. La fuerza y la capacidad de resistir, mantenerte firme y seguir adelante con el foco puesto en tu objetivo, será lo que marque la diferencia. Cuando llegue un momento de bajón o debilidad, antes de abandonar recuerda por qué empezaste…
  5. Actitud positiva y capacidad de aprender Independientemente de cuál es tu sueño y adónde quieres llegar, sea lo que sea lo que quieres conseguir, es muy difícil que lo sepas todo, que lo controles todo, que conozcas todas las herramientas y métodos que te ayudarán a alcanzar tu objetivo, que conozcas a todas las personas necesarias para lograrlo… Pero lo que sí debes poseer siempre es una actitud positiva que te impulse siempre hacia delante y estar dispuesto/a a aprender de forma continua. Sé curioso/a, aprende, fórmate, pregunta, lee, llama, investiga, relaciónate con gente y profesionales que te puedan ayudar a avanzar.
  6. Compromiso Éxito y excelencia son sinónimos de compromiso y disciplina. Si quieres algo realmente debes apostar por ello al 100%, y eso implica renunciar, en muchas ocasiones, a muchas cosas. Dedicarte full time a la carrera hacia tu sueño te permitirá llegar, ganar. Sin embargo, si sólo le dedicas parte de tu tiempo, no sólo no avanzarás como es debido, sino que existe un mayor riesgo de dispersión.
  7. Acción Lo único que cae del cielo es la lluvia. Si quieres algo, debes ponerte en movimiento y hacer que ocurra. Ponte en marcha y poco a poco las respuestas y las soluciones irán apareciendo, abriendo y redirigiendo tu camino. No esperes el mejor momento porque nunca llegará, el mejor momento es ahora… y la mejor manera es comenzar a utilizar todos los recursos y herramientas que tienes al alcance de tu mano, y poco a poco esos recursos y herramientas mejorarán.